viernes, 18 de mayo de 2018

Crónica de Bresnius · XXVI

25 de tarsakh del año 1368 CV
Antiguo templo de Tyr al Suroeste de Sturnheim, Valle de la Pluma

Ascendemos la corta escalinata que parte desde la laguna subterránea, y recorremos un breve pasillo que conduce hasta una cripta columnada. Toda la estancia está iluminada por una misteriosa luz roja de origen incognoscible. Al entrar, la luz se centra en un punto del extremo opuesto de la estancia. Al acercarnos, vemos que se trata de un enorme fresco que cubre toda la pared, parece un mapa de otro mundo, el de los dioses. La luz señala a «La Casa de la Tríada»; se trata de Tyr, Torm e Ilmáter, lo cual concuerda con las imágenes que vimos en el túnel de acceso a este lugar. Animo a sir Tomas a tocar ese punto de la imagen. Y de repente, todo se desvanece.

Desconcertado, aparezco junto a Astric y sir Tomas cerca del extremo de la rama de un árbol, tan ancha como una carretera. El árbol debe tener una altura de muchas millas, pues el suelo no llega a verse, y las hojas son del tamaño de la piel de un oso. Bathory no está con nosotros. Según sir Tomas se trata del plano del Yggdrassil, el fresno mundial que conecta los lugares de la existencia. Si hemos llegado hasta aquí siguiendo los pasos de Astara, no podemos detenernos, así es que avanzamos hacia el tronco, que es tan grande como las murallas de una ciudad.

Al llegar al nacimiento de la rama que recorremos, unos extraños hombres-ardilla, curiosos y precavidos, salen a nuestro encuentro. Nos tiran una nuez del tamaño de una sandía grande, la cual recojo. A pesar de ofrecerles un buen puñado de nueces, almendras y avellanas que llevaba desde que partí del Valle Alto, dicen que no podemos pasar, si no respondemos a un acertijo, el cual, como hombre del campo que soy, me resulta fácil de resolver. Qué puede ser aquello que cae al suelo, se eleva hacia el cielo, y han de pasar años antes de caer de nuevo, sino la semilla de un árbol.

Avanzamos mientras el descomunal follaje devuelve un eco con las carcajadas y las voces de los que permanecen mirando, hasta que de súbito ante nosotros se extiende una llanura que termina en una enorme montaña, protegida por una tríada de montes más pequeños, frente a los cuales se alza un torreón. No podemos hacer otra cosa que avanzar. Cuando hemos recorrido varios tiros de honda, una voz nos llama en la distancia de la retaguardia. Es Bathory.

Conforme nuestra compañera se acerca, contemplamos con asombro que se halla completamente abrasada. De su capa mágica tan sólo quedan jirones chamuscados. Nos cuenta que, antes de decidir seguir nuestros pasos, tuvo un desagradable encuentro con Rajisa, quien al parecer puede conjurar poderosas bolas de fuego. Según relata entre un intenso aroma ahumado, fue debido a un violento desacuerdo por la consideración de esta guardiana hacia nosotros como sus servidores. Mientras no vaya más allá, por mi parte Rajisa es libre de pensar lo que quiera, pero la mirada del odio en la faz de la semielfa es incuestionable. Hay dos caminos por los que que puede ir, y todavía tiene tiempo para cambiar el camino en el que está. Mientras recorremos el camino, nuestras sombras se hacen más grandes que nuestros espíritus.

Unidos de nuevo, durante el resto de la jornada atravesamos la larga llanura hasta el torreón. En cuanto nos acercamos a la fornida estructura, una esfera de luz, tan grande como una mula, y que levita a dos pies del suelo, se presenta como el arconte Baegarda, custodio del hogar de Helm. Se comunica con nosotros enviando palabras sin sonido, directamente a nuestro pensamiento. Nos confirma que Astara guardó aquí el azote de Nedrezar, y nos invita a descansar en el torreón. Hay una señal en la pared. Mi mente se agita al comprender que estoy en la morada de aquel que destruyó a la Dama a la que todos conocemos y que brilla con luz blanca, cuando esta intentaba ascender por la Escalera Celestial, en contra del mandato de Ao, aunque motivada por razones justas. Pero la tribulación no debe atisbar por ello, cada uno hizo lo que debía. A veces las palabras tienen dos significados.

El ser celestial nos conduce hasta una cómoda estancia donde una buena cena nos espera. El sueño no tarda en invadirnos placenteramente al sentirnos tranquilos por completo, a resguardo de enemigos que puedan acecharnos, algo que ya nos era muy lejano. Hay una sensación que tengo cuando un nuevo día nace para aquellos que aguantan, y hace que me pregunte si a veces todos nuestros pensamientos son dudas. En mis sueños he visto naipes con una jarra vertiendo agua, una semilla negra, una gitana, un heraldo soplando un cuerno, un escudo, una sobrevesta remendada, una máscara de carnaval y unas llamas crepitantes. Todos giraban en torno a mí, y tenía que escoger uno antes de que se desvanecieran. Elegí el naipe del escudo, pues en mi rodela porto el símbolo de mi Señora. Eran ocho figuras, quizá ocho conjuros. Como ocho son las estrellas de la Dama. Si estás muy atento, la Urdimbre vendrá al fin a ti, cuando todos sean uno y uno sean todo.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Símbolo de Helm

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2 comentarios:

  1. "Hay dos caminos por los que que puede ir, y todavía tiene tiempo para cambiar el camino en el que está. Mientras recorremos el camino, nuestras sombras se hacen más grandes que nuestros espíritus." "Hay una señal en la pared" "A veces las palabras tienen dos significados" "Hay una sensación que tengo cuando un nuevo día nace para aquellos que aguantan, y hace que me pregunte si a veces todos nuestros pensamientos son dudas" "Si estás muy atento, la Urdimbre vendrá al fin a ti, cuando todos sean uno y uno sean todo." Solo te ha faltado "Ser una roca y no rodar"

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  2. Y "la Dama a la que todos conocemos y que brilla con luz blanca". Es que el relato lo pedía.
    Jajaja, chapó caballero!

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