martes, 12 de septiembre de 2017

Crónica de Bresnius · XXI

23 de tarsakh del año 1368 CV
Sturnheim, Valle de la Pluma

A mi regreso a Las Tres Coronas me encuentro con sir Tomas. Me explica que por lo que ha averiguado la gente del pueblo está dividida respecto a la guardia. Unos piensan que el capitán Valdar, al parecer llegado hace tan solo unos pocos meses, es un corrupto que utiliza a sus hombres para sus propios intereses, ante la inoperancia del alcalde Calidar Blusterwind. Mientras que para otros es un hombre fuerte, necesario para la comunidad frente al pusilánime alcalde.

Nada más llegar Bathory y Astric, me citan en nuestra habitación. Han entrado a la casa de Pot, y es mejor no comprometer al paladín. En su investigación han encontrado varias pistas interesantes que han traído con ellas y necesitan de mi ayuda para esclarecer algunos textos. Se trata de un pergamino donde está escrito de forma compulsiva «La llave es la espada, la espada es la llave», algo que ya sospechaba. También traen una carta reciente dirigida a Pot en la que se le insta a presentarse en el cuartel de la guardia. Por último me muestran un intrigante tapiz. En él aparecen ocho guerreros luchando contra un dragón en las inmediaciones de una prominente torre que se alza en una zona peñascosa. Uno de los guerreros representados se parece a Pot, pero de aspecto joven, y otro es idéntico a Valdar, tal y como es ahora. Quizá el capitán de la guardia sea hijo de uno de los otros siete guardianes del tesoro, entre los que también estarán representados Kesor y Niklos. Entonces, recuerdo que Miranda nos contó que al ataque del dragón rojo solo sobrevivieron cuatro de los guardianes del tesoro.

Tras la revelación bajamos a la taberna de la posada. Pedimos algo para beber, mientras los labriegos del lugar van llegando poco a poco durante el atardecer. Bathory habla con el posadero, y después con Astric, antes de advertirnos de que va a tratar de seducir a Valdar para sacarle información. Solo le pedimos que tenga cuidado y que evite el derramamiento de sangre en la medida de lo posible.

Entre los rudos agricultores con los que comparto algún escueto comentario sobre el cultivo de esta tierra, aparece un enano con aspecto de cazador, al que sir Tomas se presenta, y el cual le responde identificándose como Tregar Bocamarga. Nuestro compañero le invita a sentarse con nosotros. Además de replicarnos la misma historia sobre Pot que el resto de sus vecinos, de su boca averiguamos que Astara Corazonfiel, clérigo de Tyr, estuvo predicando por esta zona hace muchos años. Quizá sea de ahí de donde provenga el interés por el Dios Ciego, el cual poco a poco se desvaneció tras la ruina provocada por la bestia alada. Por lo que cuenta, no lleva mucho tiempo viviendo aquí. Al enseñarle la runas que copié del mapa, explica que se corresponden con parte de la fortaleza enana de Rautamir, sede del reino de los enanos dorados, en la Gran Brecha, muy lejos al Sur; lo cual tampoco nos aclara nada sobre el suceso con el diablo Nécar. Como discípulos del mismo credo que son, sir Tomas y Tregar conectan rápidamente. Entretanto procuro mantenerme al margen.

El capitán de la guardia no tarda en hacer acto de presencia junto con cinco de sus hombres. Parece feliz y satisfecho, casi demasiado. Bathory no espera ni un momento para tratar de cautivarle. Y Astric abandona discretamente la posada al poco tiempo, seguramente va a investigar por su cuenta. Sintiéndome incómodo en las conversaciones, no paro de darle vueltas al asunto del asesinato de Pot y a los misterios que rodean al capitán Valdar. Viendo que en la posada no puedo hacer nada de provecho, y con la excusa de vaciar la vejiga, cojo el tapiz y me dirijo a casa de Miranda, espero que ella me pueda aclarar aquello que no me encaja.

Al poco salir de Las Tres Coronas, oigo como a lo lejos alguien está llamando a la guardia porque hay ladrones. Alzo la voz y respondo que están en la posada, que yo me ocupo, pero no doy el aviso. Seguramente será Astric, algo no debe ir bien del todo en sus pesquisas. Sigo mi camino. Llamo a la puerta de Miranda, me cuesta convencerla de que hable sobre lo que ocurrió con el dragón. Finalmente accede y le enseño el tapiz en la misma puerta. Sé quién es Pot, por lo que le pregunto quiénes son los demás. Reconoce a Niklos, quien enloqueció y se fue, como el caballero que porta una espada de piedra. Kesor es el guerrero del escudo de piedra, desaparecido también. Y cuando le señalo al que es igual que Valdar, lo identifica como el propio Valdar. Me cuesta hacerme a la idea, pero ahora empiezo a entender. Cuando le inquiero sobre porqué no nos ha avisado, se excusa en su miedo hacia el capitán de la guardia. No solo eso, sino que todos lo saben, todo el pueblo, pero nadie lo dice. Ahora esto sí que es de locos. De locos totalmente.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Miranda de Sturnheim

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