martes, 25 de julio de 2017

Crónica de Bresnius · XVI

19 de tarsakh del año 1368 CV
Extremo Sur del Bosque de Cormanthor, Valle Profundo

Antes del regreso de Eindrid, redacto para él unas breves recomendaciones sobre la práctica de la Magia, las cuales serán la base para el «Octálogo del buen hechicero», un pergamino en forma de octógono, como ocho son las estrellas de Mystra y las escuelas de Magia, plegado en ocho triángulos, con un consejo en cada uno de ellos. Le pido a mis compañeros que traten de ser más cercanos a Eindrid, ya que no consigo empatizar con él. Es demasiado arrogante, y esto es peligroso para un joven mago, ya que puede inducirle a tomar un mal camino. A su regreso le entrego el escrito redactado en espruar, aunque no parece que le vaya a hacer mucho caso. Más adelante le preguntaré qué le ha parecido.

Antes de partir hacia Altaluna, recojo el coral del caudillo tasloi, el mapa del esqueleto enano y los libros que todavía quedan en la cueva, los cuales Bathory accede a llevar hasta la ciudad, cuyas murallas vislumbramos al final de la tarde. Para acceder debemos cruzar el transitado vado del Torrentêno. Al hacerlo, todos los que allí estamos, nos quedamos enormemente sorprendidos cuando Bathory comienza a levitar. Tratamos de no alterarnos a pesar de nuestro estupor. Una vez desciende, nos apartamos y nos comenta que ha recibido una inspiración, se siente capaz de lanzar el conjuro «Golpe de rayo», también conocido como «Rayo relampagueante». Le creo, de algún modo ha sido bendecida por la Dama, así que le explico los rudimentos del lanzamiento de un conjuro y le advierto de lo poderoso que es, ya que un rayo brotará de su mano, con todo lo que ello conlleva. Al terminar, Eindrid y Astric están hablando algo de una leyenda, pero no comentan nada al respecto aunque les pregunto. Creo que Eindrid no es una buena influencia y más que una ayuda solo puede suponer una distracción para nuestro objetivo.

Entramos a la ciudad. Es muy grande, seguramente la más grande de todas las Tierras de los Valles, y quién sabe qué clase de gente andará por aquí. Me guardo la bolsa del dinero en el lugar más seguro que puedo. Preguntando, llegamos a la Posada del Roble y la Lanza que nos indicó Iliria poco antes de que termine el ocaso. Conseguimos hablar con Asías, el dueño, quien al decirle de parte de quien venimos, nos da alojamiento gratuito en la planta superior y accede a concertar ahí una cita urgente con Guelin, el líder de la casa de mercenarios Argenman. Tras cenar, mis compañeros bajan a la posada. Yo sigo sin fiarme de algunas de las gentes que pueda haber, así que me quedo. Al poco todos regresan junto con Asías y el semielfo Guelin, excepto Bathory, nadie sabe dónde está.

Arriesgadamente, mis compañeros deciden que hable yo por ellos. Afortunadamente acierto con el tono y Guelin me atiende con interés. Le explico el motivo de nuestra visita, el problema que aflige a los elfos de Velezhûil y la solicitud de ayuda de Ilira y la Compañía del Roble. Guelin no tarda en acceder a enfrentarse al dragón, así que le aportamos toda la información táctica que podemos. Le hablamos sobre el tamaño y las formas de ataque del ser, de la localización de su guarida y las formas de acceso, así como del resto de criaturas a las que nos hemos enfrentado. Le agradezco que haya aceptado a combatir al dragón sin demora, ahora que en cierto modo hemos debilitado sus apoyos, ya que ello revertirá en el bienestar de las Tierras de los Valles. Parece que he logrado asombrar incluso a Eindrid. Aprovechamos la ocasión para recabar información sobre algunos lugares de interés de la ciudad.

Tras la charla, el resto de mi compañía en la búsqueda de Bathory. Yo debo quedarme para descansar y meditar mis conjuros, cosa que Eindrid decide no hacer a pesar de mis recomendaciones. Atranco la puerta y examino el mapa de la tumba-prisión del no-muerto enano. Se trata de la descripción de dos plantas de una fortaleza, aunque se indican más niveles inferiores. Hay escritas runas dethek, las cuales no comprendo. En cuanto pueda las transcibiré a un pergamino. Si nos cruzamos con alguien que las comprenda, quizá algún enano, bien pudiera desvelarnos su significado. Tras el examen del plano, duermo tranquilamente toda la noche, en solitario, como hace tiempo que no hacía.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Altaluna, por Chris Appelhans.

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