miércoles, 19 de abril de 2017

Crónica de Bresnius · XIV

19 de tarsakh del año 1368 CV
Extremo Sur del Bosque de Cormanthor, Valle Profundo

Partimos los cinco al amanecer. Nos despedimos de Iliria sin ceremonia. Dos elfos nos están esperando en el embarcadero. Descendemos el Glaemril en barca hasta la desembocadura del Torrentêno en un corto viaje que termina antes de que se nos llegue a hacer pesado. Tan pronto desembarcamos, avanzamos en dirección Sur en busca de la Carretera de Tildaryn que nos llevará hasta Altaluna.

Al cruzar la arboleda del extremo del Bosque de Cormanthor, aparece por sorpresa un sollozante niño. Dice llamarse Clark y estar preocupado por su amigo Nécar. Según nos relata, hace dos días que ese otro niño de piel roja, quien porta grandes zapatos, no acude a jugar con el balón de tela morada. Por lo que implora nuestra ayuda. No podemos dejar solo a un niño en el bosque, así que le convencemos para que nos indique dónde vive y así llevarle a su casa.

Sospecho de una emboscada, es todo muy extraño, pero tras un corto trecho llegamos sin problemas a una cabaña de madera. No tarda en aparecer un bruto leñador que resulta ser el padre del niño, quien acude a su llamada no sin antes solicitar de nuestro silencio respecto a Nécar. En un principio el padre se niega a dejarle marchar tal y como el niño desea. Algo se le cruza a Bathory, pero los demás estamos atentos y evitamos que arme su arco, lo cual hubiera supuesto una respuesta desmedida de consecuencias impredecibles. Finalmente, le indico a los demás que le ofrezcan dinero para que Clark nos sirva de guía hasta el camino. Así el padre accede, por lo que decidimos indagar sobre el asunto que nos plantea el niño y del cual el padre no parece tener ni idea. Según nos dice solo hay otra familia de leñadores en las cercanías y no tienen hijos pequeños. Es todo demasiado desacostumbrado como para ser pasado por alto, a pesar de la sorpresa de Eindrid por nuestra decisión.

Clark nos guía por el bosque hasta el claro en el que se encontraba con Nécar. Bathory no tarda en hallar dos rastros diferenciados que se alejan por caminos distintos: uno de grandes pisadas de bota, quizá las de Nécar, y otro de varias garras; seguramente al resto se nos habrían pasado por alto. Ante el peligro que pueden suponer, seguimos el rastro de las garras. Al poco tiempo, Tomas y Bathory advierten cómo una figura verde y encorvada se escabulle entre la maleza. Sea lo que sea nos ha visto. Continuamos avanzando hasta que se abre un claro desbrozado, al final del cual dos seres verdes primitivescos que portan escudos y lanzas rudimentarias se tambalean ante la abertura de una cueva. Bathory nos informa de que se trata de tasloi, unas criaturas infradesarrolladas propias de los bosques del sur del continente. Es muy extraño encontrarlos aquí.

Tratamos comunicarnos, pero no parecen racionales. Les atacamos. Acabamos sin gran dificultad con ellos y con otros cuatro más que salen de la cueva. Parecen ebrios. Eindrid nos sorprende cuando conjura una saeta de energía mágica que impacta en uno de los seres. Encontramos leones de oro cormyreanos en sus zurrones. Eindrid recibe una parte y reclama descansar para poder realizar otro hechizo. Le indico que es mejor que no se exponga, que vigile a Clark, que tenga a mano el palo que le hice el día anterior y que descansará cuando se pueda, ahora no, debemos internarnos en la oquedad e investigar para tratar de coger por sorpresa a los que puedan quedar dentro.

Astric enciende rápidamente una antorcha. Nos introducimos en la caverna y pronto llegamos a una sala vagamente iluminada por algunos braseros. Una de esas criaturas duerme a pierna suelta. Huele bastante mal. Cuando nos acercamos para tratar de capturarla, se incorpora súbitamente a la vez que emite un chillido, y antes de que queramos darnos cuenta escapa por un agujero que se eleva a escasos metros de distancia. Astric sale tras el ser sin pensarlo. Bathory y Tomas van en su ayuda. El túnel parece estrecho y por lo que parece hay más tasloi ahí dentro. Mientras se escucha el estruendo de la confrontación encuentro cajas de madera con sellos de Cormyr, Altaluna, Arkhen y La Borla. Seguro que estos malditos se dedican a asaltar a los comerciantes de la Carretera de Tildaryn.

Como el ruido de pelea no cesa y Eindrid me apremia, dejo a Clark con Eindrid y conmino a éste que busque algo que nos pueda ayudar. Entro en el túnel para combatir junto a mis compañeros a cuatro tasloi que se han hecho fuertes tras una barricada y lanzan basura con gran inquina. Nos cuesta movernos, y la situación comienza a volverse agónica cuando aparece Eindrid con una extraña red claveteada, la cual lanza con acierto, aunque en parte sobre nosotros. La maniobra surte efecto y logro avanzar hasta la retaguardia de nuestros enemigos. La tensión nos hace montar en cólera y no dejamos que huyan con vida.

Eindrid nos ha ayudado en el combate, pero ha sido demasiado osado. Ha dejado a Clark solo en una estancia maloliente y puede que acechado por más de estas criaturas. Debemos correr de vuelta cuanto antes. Aun así, parece que Eindrid tiene buenas aptitudes, por lo que me veo en la obligación de enseñarle cómo debe utilizar la Magia. Es más difícil saber cuándo no hay que lanzar un conjuro que cuándo sí hay que hacerlo. El proyectil que evocó en el exterior, hubiera sido mucho más útil dentro del túnel. Es necesario que poco a poco le vaya instruyendo, si es merecedor de ello, en el conocimiento de la Diosa. La habilidad, la decisión, el conocimiento, el talento y la habilidad deberían ser sus guías. Aunque debo darle tiempo, ya que solo se puede avanzar aprendiendo del pasado.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Tasloi, lanzabasuras de ojos vidrosos

Crónicas de Bresnius
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2 comentarios:

  1. ¡Qué recuerdos esa aventura! La arbitré el siglo pasado y fue muy divertida. Parece una de mis viejas campañas, que guay...

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  2. Es bastante loca, pero como aventurilla corta está muy bien... ideal para meter en cualquier trayecto o viaje del grupo por zonas rurales/agrestes. Eso sí, he cambiado alguna cosa importante, ya lo leerás cuando el bueno de Bresnius retome el cálamo y la tinta.

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