viernes, 3 de febrero de 2017

Crónica de Bresnius · XI

17 de tarsakh del año 1368 CV
Velezhûil, Valle Profundo

Exhaustos tras la larga marcha nocturna, descansamos y reponemos fuerzas junto a las tranquilas aguas del Eredrûi. Aprovecho el momento para tratar de extraer la flecha al cuervo mensajero que todavía cuida Bathory. La falta de preocupación en asuntos de gravedad inmediata es beneficiosa para la tarea, y consigo sacarle el proyectil, cosa que no había logrado ninguno de los días anteriores. Al poco, comenzamos a oír una lejana letanía que viene del poblado. Bathory actúa como intérprete. Los elfos nos cuentan que se trata de cánticos fúnebres, seguramente en honor del cazador también desaparecido que no corrió la misma suerte que ellos. Como no sabemos quiénes más pueden estar implicados en la traición de los sacerdotes de Labelas Enoret, le indicamos al que nos ha guiado que se acerque sigilosamente al poblado y le diga a alguien de confianza que venga Iliria, para así contarle lo sucedido.

El elfo regresa acompañado de la comandante de la Compañía del Roble. Parece nerviosa, sin duda nuestro guía le ha contado algo. Tan pronto se detiene, despacha a los campesinos humanos de forma impertinente. Antes de que partan les entrego comida y agua, así como Astric una antorcha, para que puedan llegar a su destino: Altaluna. Se muestran muy agradecidos y nos indican que seremos bien recibidos en la granja del viejo Frank, donde sirven.

Después, explicamos apresuradamente lo ocurrido, cómo el dragón ha pervertido los glifos del mythal del Sitial de Bronce, así como su estado (la fragua, el depósito de savia y los accesos bloqueados), las pruebas que implican a los videntes (las conchas, el cuervo mensajero y el testimonio de los pescadores) y el origen de los seres vegetaloides. Expongo mi teoría según la cual los videntes quieren forzar la partida de esas tierras para que la Compañía del Roble le sirva de protección en su camino hacia la Retirada. Los ojos de Iliria arden en furia, y nos indica que le acompañemos al poblado. Confirma que el funeral es por el cazador que había desaparecido al norte, cerca de donde capturaron a sir Tomas.

Vamos a paso ligero tras ella. Según avanza, alerta a los habitantes de ciertas cabañas con sutiles señas. Inmediatamente Bathory se muestra intranquila y sorprendida, aunque en un primer momento pienso que es algo normal en un poblado en cierto modo militarizado. La comandante dice que es el momento de que los videntes paguen por todas sus malas decisiones, está visiblemente encolerizada. Casi de repente, nos vemos en la plaza del pueblo, con todos los habitantes reunidos en el funeral. Iliria interrumpe bruscamente a los ancianos videntes que, sobre un montículo, entonan elegías por el muerto, y les acusa públicamente de su traición. Se arma un tremendo revuelo entre partidarios y detractores de los cuatro clérigos, pero en un abrir y cerrar de ojos el bando de Iliria se impone. Los clérigos, desesperados, intentan exculparse argumentando que los dioses les han abandonado. Pero no les sirve de nada, una multitud se dispone a lincharlos.

Lo que ocurre a continuación nos deja helados: el primero de los elfos que trata de llegar a los videntes es atravesado por una certera y mortal flecha que iba dirigida hacia el vidente de la raza dorada, el que peor nos trató cuando nos recibieron. Al girarnos, casi se nos salen los ojos cuando vemos a Bathory con el arco en posición y con la cuerda todavía temblando. Aunque desde un primer momento nos habíamos mantenido al margen, nuestra presencia ya no es inadvertida, y buena parte de los elfos congregados se dirigen hacia Bathory llenos de ira, la cual descargan violentamente sobre su ser. Enormemente superados en número y con las opciones muy limitadas, nos vemos imposibilitados para socorrer a nuestra compañera, que ha tomado una muy mala decisión. Tan pronto se cansan de apalearla, acudo para tratar de sanar sus heridas con el material que he ido preparando. Casi no puedo reconocer su rostro.

Mientras, la turba de elfos iracundos ha hecho lo propio con los clérigos milenarios, y ha traído cuatro enormes estacas en los que estos han acabado empalados. Cuando acaban con ellos, se dirigen hacia el templo y lo queman hasta los cimientos, para después celebrar una fiesta que dura todo el día en la que cantan, danzan, comen y beben. Aceptamos comida y algo de bebida, pero no participamos, nos retiramos en solitario a una cabaña. Mientras tratamos de descansar y de asimilar todo lo ocurrido, la astuta Astric apunta muy acertadamente que si los sacerdotes no se han comportado como los mandatos de Labelas Enoret exigen, es normal que sus plegarias no encontrasen respuesta.

Y yo, no paro de preguntarme qué información habremos perdido por haber sido estos apresurada y brutalmente ajusticiados por una turba de elfos tan peligrosa como un dragón. Y si no habremos sido partícipes involuntarios de un intriga que todavía no podemos comprender. De lo único que estoy seguro, es que aunque estos elfos desciendan directamente de aquellos que desarrollaron la alta cultura del magnífico y antiguo Imperio de Cormanthyr, su comportamiento ha degenerado y no queda nada de la nobleza de aquellos que poblaron el bosque en los días dorados.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Restos del templo de Labelas Enoret tras su destrucción.

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