miércoles, 1 de febrero de 2017

Crónica de Bresnius · X

16 de tarsakh del año 1368 CV
Forja de Eltargrim Irithyl, Bosque de Cormanthor

A mis pies hay dos antorchas encendidas, y una más en cada una de mis manos, cuando los primeros humanos recién liberados comienzan a descender por la rampa. Le ofrezco una de ellas al primero que baja a la estancia, y le indico el camino que deben seguir, pero el frenesí de la liberación, unido a lo adusto de mi rostro, hacen que todos ellos avancen sin pararse a coger lumbre. Antes de que se adentren en la oscuridad total del túnel, sir Tomas logra calmarlos con su voz paternal. Aprovecho el momento para entregarles una antorcha y liderar el avance, sin mirarles siquiera para no alterarlos más. Mis compañeras no tardan en salir del lugar, Bathory solo un instante antes de que el pernicioso vendaval que exhala el dragón por sus fauces lo arrase todo, incluida la vida de la cautiva que tropezó en la huida. Sus terribles gritos de agonía todavía retumban en nuestros oídos.

Llegamos sin sobresaltos a la sala principal de la mina y nos repartimos entre las plataformas para controlar el ascenso. Una vez he alcanzado la primera altura, una tremenda sacudida hace que toda la mina tiemble. Casi con toda seguridad, el dragón ha derribado la abertura por la que hemos huido de un terrible coletazo. Pequeños cascotes se desprenden del techo y caen al suelo, yo sigo el mismo camino. El golpe es mínimo. Sin perder tiempo, me levanto y prosigo. Una vez organizados, solo permitimos que haya una persona a la vez en la escala, y así la maltrecha estructura aguanta nuestro avance.

Ya arriba, retiramos las cuerdas que dejamos en el camino de ida. Sir Tomas deja tranquilos al grupo de liberados con una antorcha en el acceso al túnel de salida, y avanzamos hasta la escala que asciende hacia el Sitial de Bronce. Los elfos permanecen a nuestro lado, junto a sir Tomas. En ese momento, le cuentan a Bathory que los ancianos sacerdotes de Velezhûil son aliados del dragón, con el cual cambian conchas. La semielfa permanece muy atenta a su relato y asiente, parece que cree su veracidad.  Mis sospechas se ven confirmadas, pero no indagamos más en el asunto, ya que nuestras vidas corren serio peligro.

Antes de salir todos al exterior, Astric se adelanta furtivamente para comprobar si el dragón nos acecha, su tamaño y sigilo son ideales para esta tarea. Tras unos angustiosos instantes regresa. Al parecer el dragón está volando en círculos, buscándonos frenéticamente por otra zona más baja. Lo sopesamos y finalmente el resto de mis compañeros apoya mi propuesta de esperar al crepúsculo, quizá sea la única oportunidad de llegar al bosque sin que el dragón se percate de nuestra presencia.

Repartimos algo de comida y agua entre los liberados, a quienes advertimos que tenemos que esperar a que el sol se esté poniendo, pues el dragón está merodeando ahí fuera. Nosotros también reponemos fuerzas, aunque Astric pronto sale de nuevo por voluntad propia para otear desde una posición cubierta, quiere estar atenta por si la verde bestia alada se acerca. Tras una larga espera, Astric regresa visiblemente alterada. No nos extraña cuando nos dice que el dragón se acerca. Rápidamente apagamos las antorchas, ordenamos silencio y descorremos la losa de acceso al exterior. Al poco tiempo, podemos oír claramente como, en el exterior, el suelo es golpeado por un tremendo peso. Permanecemos quietos, muy quietos, casi sin respirar. Finalmente, tras unos breves instantes que se nos han hecho eternos, Astric, que ha permanecido al pie de la escala que asciende hacia la salida, nos dice que va salir, que ha oído un remover de tierra, y después nada. Sale a indagar y lo confirma, no hay peligro en la salida. De no ser por la astuta mediana, quizá hubiéramos sido víctimas de la furia del dragón.

Continuamos con la espera, aunque Astric prefiere seguir en el exterior, vigilante. Al poco, uno de los campesinos se impacienta y pretende salir al exterior por su cuenta. Otros dos parecen querer seguirle. Le conmino para que no lo haga, ya que nos pondrá en peligro mortal a todos si es descubierto, cosa que puede ocurrir con gran probabilidad. Se muestra desafiante, así que aferro mis armas y me sitúo al pie de la escala para custodiar la salida, y le advierto de que si pretende salir tendrá que enfrentarse conmigo. Cuando el campesino intenta golpearme, me adelanto y le arreo un golpe con el mango de mi mayal en la riñonada que le deja baldado. Se pone furioso y me dice que como clérigo de Oghma que soy no puedo agredirle. Símplemente le digo que no soy seguidor de ese dios, y después le indico a uno de los que le acompañan que le ayude a llegar junto con el resto y que le de agua. Medito brevemente para reafirmarme en la fe que profeso a la Dama del Misterio.

Permanezco sin moverme de la posición en una larga espera, custodiando la salida como una estatua, hasta que el sol comienza a emitir sus últimos rayos. La mediana nos avisa de que el dragón está destrozando furiosamente una parte del bosque más baja que por la que pretendemos adentrarnos, derribando árboles y arrasándolo todo a su paso. O piensa que podemos estar ahí escondidos, o sabe que todavía no hemos salido de la montaña y pretende intimidarnos para que no salgamos y sus secuaces vegetaloides nos den caza durante la noche. No vamos a esperar para averiguarlo. A pesar del peligro inminente, iniciamos la retirada. Astric y Bathory lideran el avance. Sir Tomas, los elfos y yo nos quedamos en retaguardia, no me fío del campesino al que tuve que golpear para salvarle la vida a él y a todos. No pienso quitarle el ojo ni darle la espalda. Caminamos ligeros y en silencio, con paso firme a pesar de tener las tripas en la boca. Descendemos las escaleras de piedra y la senda de la montaña. Todo transcurre como deseamos, por lo que continuamos por el camino más abierto que nos llevará al bosque. Uno de los elfos muestra claros signos de recuperación tras el descanso.

Tan apenas hemos comenzado a recorrerlo, advierto como el el campesino insensato cuchichea con el que tiene al lado mientras lanza miradas furtivas hacia donde yo me encuentro. No me lo pienso. Firme pero sin gritar le digo que no haga tonterías de una forma que entienda claramente: Tú, tira p’alante y calla o te arreo otro mangazo, desustanciao. Mis palabras surten efecto y el campesino baja la cabeza y continúa la marcha. De haberse complicado el asunto, a buen seguro las consecuencias hubieran sido desastrosas, ya que el ruido de los grandes troncos cayendo sobre la maleza se va haciendo más intenso conforme avanzamos.

Cuando ya tenemos los primeros árboles del bosque a menos de cien metros, cuando casi podemos olerlos y el sol lanza al aire sus destellos finales del día, la visión de lo que se alza sobre los árboles a nuestra siniestra nos turba sobremanera. El dragón ha emprendido el vuelo, su silueta es enorme. Por un instante nos quedamos paralizados, esperando que el horrendo ser no nos haya visto y se aleje. Pero nuestra dicha no es tanta, y enseguida comprendemos que debemos correr hacia el bosque para salvar nuestras vidas cuando el dragón comienza a surcar el aire hacia donde nos encontramos.

Una pequeña nube de polvo es lo único que dejamos en el camino mientras corremos hacia el bosque. Grito para que todos me oigan: ¡A cubierto en los primeros árboles! Y eso precisamente es lo que hago. No sé dónde están mis compañeros, la noche casi ha entrado del todo y en el bosque no se ve nada. Comienzo a llamarles, pero no puedo distinguir sus voces entre la algarabía de alaridos de los angustiados campesinos que corren por entre los árboles en desbandada. Lamentablemente, los gritos de terror se tornan en alaridos de dolor y muerte entremezclados con el tronzar de la madera fresca. El dragón, cegado por una furia asesina, está segando sus vidas violentamente.

Aún no sé muy bien cómo, pero de entre la oscuridad aparece sir Tomas junto con los dos elfos, me dicen que les siga. Me han salvado la vida. Antes de que me quiera dar cuenta, Bathory, Astric y una pareja de campesinos que han mantenido la compostura, se han unido al grupo y estamos avanzando guiados por el elfo más recuperado a través de senderos que parece imposible que existan. Caminos ocultos entre la maleza y las rocas que solo una raza que ha habitado durante miles de años en el bosque puede encontrar. Marchamos durante toda la noche sin descanso, hacia el suroeste, hacia Velezhûil, hasta que el alba nos encuentra en la orilla del lago Eredrûi, tan vivos como sus cristalinas aguas.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


El acecho del dragón durante el crepúsculo.

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