lunes, 12 de septiembre de 2016

Crónica de Bresnius · VIII

16 de tarsakh del año 1368 CV
Mina del Sitial de Bronce, Bosque de Cormanthor

Al retirar la losa del suelo, ante nosotros se abre un oscuro agujero.  A luz de linterna de Astric, nos internamos en el subsuelo por una escala de clavos. Llegamos a un corredor que nos lleva a un desvío, el cual probablemente conecte con la entrada medio derrumbada que vimos durante el ascenso por la ladera. Enseguida, la caverna se abre a una gran cavidad rodeada por una deteriorada plataforma de madera de la que descienden dos escaleras de mano. Antes de llegar al suelo, hay una segunda plataforma inferior. En el fondo se oye ruido de agua. Quizá sea uno de los acuíferos que alimentan el lago Eredrûi.

Bathory ase dos cuerdas y Astric baja sin ningún problema directamente hasta el fondo; es sorprendente como una figura tan oronda puede ser tan grácil a la vez. En cambio, Bathory cae al intentarlo. Pronto dos escarabajos grandes como perros y con glándulas luminiscentes salen a su encuentro. Tomas y yo también caemos al tratar de descender por las cuerdas, no es nada fácil descender poco a poco. La sala inferior está atravesada por los raíles de la mina y se encuentra completamente encharcada. Nos cuesta un tiempo, la concha de los insectos destaca por su dureza, pero finalmente acabamos con los agresivos escarabajos. Hubiera sido interesante recoger una concha, quizá un armero podría hacer de ella un buen broquel. De la sala parten tres galerías. Mientras decidimos por cuál de ellas dirigirnos, una enorme rata comienza a devorar a uno de los escarabajos muertos.

Acudimos primero a la galería principal, por la que discurren los raíles. A lo largo de la misma hay pequeñas cavidades abiertas a pico para extraer los metales de la montaña. En uno de los sacos que salpican el lugar, Astric descubre unas cuatrocientas monedas de oro, y un cofre, que abre con facilidad, con trece lingotes de bronce con el sello de Cormanthyr (guardo uno de ellos para conservarlo) y tres pequeñas gemas de lapislázuli. En otra de las cavidades, los sentidos de herencia élfica de Bathory detectan un pequeño compartimento oculto, del que extrae dos anillos sin emblemas que poder identificar, una poción de utilidad desconocida, y una daga de clara factura élfica que acaba en manos de Astric. La galería continúa adentrándose, así que decidimos volver a la sala encharcada para examinar el resto de caminos. Para entonces, la rata ha finalizado su festín y ha desaparecido del lugar.

El ramal más cercano a la galería principal termina pronto en una sala en torno a la que se abren cinco irregulares corredores más, de escasa longitud y de manera similar a una siniestra mano. En la pequeña sala de la palma cavernaria hay trozos de cobre. Los comparo con el del primer vegetaloide al que nos enfrentamos, coincide. Espoleado por el hallazgo, solicito a Bathory si puede examinar restos de plantas de la superficie. No tarda en encontrar restos de muérdago y hiedra. Esas ponzoñosas criaturas vegetaloides no andarán lejos.

Continuamos inspeccionando la mina. En esta ocasión tomamos el tercer ramal, todavía inexplorado, y el más cercano a la oquedad por la que hemos caído más que descendido. Tras un trecho, una caverna bastante amplia que parece natural se abre ante nosotros. El fondo está hundido y parcialmente cubierto de agua cristalina. La luz que entra por los pequeños agujeros que cubren la pared del fondo ilumina toda la estancia, la cual se encuentra cubierta de hongos, musgo y nenúfares por entre los que se aprecia la luminiscencia de varios escarabajos que discurren por las zonas embarradas y rocosas. Una visión que esperamos sea menos peligrosa que bella. Bathory se adelanta y con gran habilidad maneja a los enormes y agresivos y enormes, logrando que se retiren a sus madrigueras. Mientras tanto, Tomas señala que los agujeros atraviesan una pared gruesa, y que no parece similares a los de el acceso exterior semiderruido, si bien pienso que ambos podrían servir como ventilación de la mina.

Astric desciende para reconocer la caverna, mientras el resto cubrimos su avance con armas de proyectil y arrojadizas. Conforme avanza casi cubierta por el agua, descubre en el centro de la estancia un esqueleto del que nada queda excepto sus huesos y un anillo en uno de sus dedos. Temerosa, continúa con la exploración. En una de las paredes halla una maltrecha trampilla tras la que se ocultaba un estatuilla. En el camino de regreso, Astric no puede resistirse y se hace con el anillo del cadáver huesudo, sin que nada más ocurra. Tomas identifica la pequeña estatua como una representación del dios élfico de los ladrones, Erevan Ilesere, el dios camaleón. Ante su presencia, Bathory dice sentirse reconfortada. Así, advertimos que la figura convierte a su portador en persona de confianza para el Pueblo Gentil. Por ello, decidimos que es mejor que la lleve Tomas, pues tiene buen don de gentes. Del anillo no conseguimos dilucidar nada.

Regresamos una vez más a la sala principal y retomamos la galería principal, dejando sin explorar la plataforma inferior de las dos que ahora se alzan sobre nosotros. Al avanzar por los raíles más allá que en la primera ocasión, encontramos una pesada vagoneta de hierro a la que le falta una rueda. La busco con ahínco, creo que nos puede ser útil, pero parece que por aquí no está. Continuamos por el amplio corredor hasta que vemos frenado nuestro avance por una tapia que cubre todo el paso, excepto por una pequeña abertura. Astric logra escabullirse por el hueco e investiga al otro lado. Resulta ser una zona de almacenaje a la que entra luz del exterior. Trae un pergamino que contiene un hechizo de protección contra el ácido. Al comentar que hay chatarra amontonada, le conmino a que busque una rueda de repuesto para la vagoneta y así empujarla para derribar el muro de una sola vez, ya que nosotros no cabemos por la abertura y pienso que es mejor hacer ruido una vez, aunque sea estruendoso. Lo logramos y rápidamente nos internamos con la intención de ocultarnos.

Al otro lado descubrimos un sótano en estado de abandono. Está dividido en tres zonas, y una rampa abre la estancia directamente al exterior. Nos ocultamos entre las viejas tinajas y toneles que hay en el lugar. Al poco, varias sombras se recortan en la luz de la entrada, pero ningún ruido se escucha. Salimos al encuentro y nos enfrentamos a cuatro seres vegetaloides; esta vez no nos sorprende. Impacto dos veces a uno de ellos y le derroto, consiguiendo evitar la lluvia de sustancia paralizante que cae sobre mí tras cada uno de los golpes. Es emocionante, mi primera victoria en combate, siento que he recuperado el favor de Mystra. Tras derrotarles, descubrimos que la rampa está cubierta con savia rojiza ponzoñosa. La menuda Astric se aventura a explorar el exterior, sus habilidades se están desarrollando a pasos agigantados. Mientras, el resto, aguardamos en guardia su regreso.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Escarabajo luminiscente de la mina del Sitial de Bronce (por Christopher Burdett).

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