viernes, 9 de septiembre de 2016

Crónica de Bresnius · VII

16 de tarsakh del año 1368 CV
Necrópolis del Sitial de Bronce, Bosque de Cormanthor

Antes de ponernos en marcha para explorar la necrópolis, tres esqueletos salen a nuestro encuentro de entre la bruma, uno de ellos porta una lanza. No consigo el favor de Mystra para repeler a los muertos andantes, así que nos vemos obligados a enfrentarnos a ellos. El combate es dificultoso, debido al polvo de hueso antiguo y nocivo que expelen tras cada impacto, el cual hace mella en la mayoría de nosotros. Y aunque derrotamos al esqueleto de la lanza y a otro más, el tercero logra huir sin los huesos de sus manos, los cuales destruyó por torpeza propia. Tomas advierte que los restos de armadura que portan, así como la lanza, son de clara factura élfica.

Astric y Bathory tratan de seguir los pasos del esqueleto que ha huido, aunque pronto le pierden la pista. Cuando se detienen, dos esqueletos más se lanzan sobre ellas. Tomas y yo acudimos raudos. Estos esqueletos están cubiertos de raíces y pinchos, claramente dominados por una fuerza vegetal necromántica, lo cual trae de inmediato a mi mente el ritual vegetaloide de esta noche pasada. De nuevo, trato de expulsar a las criaturas, pero el favor de Mystra no me es concedido. Es probable algún efluvio maligno en la niebla que inunda el lugar me esté impidiendo recibir el poder de la Dama del Misterio. No nos es fácil derrotar a los esqueletos animados, pero no sufrimos penurias por hacerlo. Al examinar los restos, Tomas descubre en el cinto de uno de ellos un ajado pañuelo con un árbol bordado, el cual claramente identifico con el sello de Semberholme. Me quedo con el pañuelo para conservarlo.

Tras un breve debate impregnado de cierta tensión, decidimos tantear el lugar con cautela. En el túmulo más cercano la losa de acceso está rota, y no parece que desde hace mucho tiempo. Tomas y yo guardamos la posición, mientras Astric se interna en la tumba, mientras es cubierta por el arco de Bathory. No tarda en volver: hay varias tumbas vacías en la galería principal. Es obvio que alguna fuerza oscura está alzando a los esqueletos de los caídos en la antigua batalla y que fueron aquí enterrados, por lo que es posible que haya toda una horda aguardando. Ante tales expectativas, decidimos volver por donde hemos venido y tomar el camino que asciende hacia la montaña.

Una vez comenzamos a subir por el mismo, y no pasado mucho tiempo, el estrecho y serpenteante camino termina en una pequeña zona llana en medio de la cara sureste de la elevación. Frente a nosotros se abre una vieja entrada en la roca. Junto a ella, unas escaleras labradas continúan el ascenso, y hacia el este otro camino desciende hacia el lado opuesto de la necrópolis al que hemos estado. La oquedad está medio derrumbada y se encuentra rodeada de agujeros. Bathory advierte que su origen es natural o animal, así como restos de deposiciones de alimañas en el interior de la cueva. Según indica, que continúe el derrumbe es algo inminente, por lo que resolvemos continuar subiendo la ladera.

Las escaleras avanzan entre la roca desnuda moldeada a fuerza de pico. El trayecto no se alarga durante mucho tiempo y finaliza en un pequeño terreno llano en el que destaca tremendamente un trono labrado en la roca. Está coronado por una inscripción en espruar: Siéntate, mira hacia el este y verás mis dominios. Las vistas son impresionantes, sin lugar a dudas se trata del Sitial de Bronce; hemos llegado. Antes de que podamos recapacitar, Astric se sienta en el trono. Tras un breve instante, nos señala un punto en el paisaje. Miramos con atención y descubrimos un edificio cuadrangular situado al fondo de la necrópolis cubierta por la bruma, y con el tejado teñido por una sustancia ambarina, probablemente la savia ponzoñosa que rezumaban los sauces mágicos. Cuando Astric se incorpora dice sentir cómo ha aumentado su percepción, aunque Bathory y Tomas se sientan también y no notan nada. Tomas señala que el trono, por su orientación al este, está dedicado a Corellon Larethian, el dios principal del panteón élfico.

Las señales son claras, así que no tardo en preguntarme si podremos acceder a las galerías de la mina con cierta seguridad. Mi duda es pronto resuelta por la inquieta halfling: detrás del trono, oculta entre unos matorrales, ha encontrado una losa en el suelo que parece guardar un acceso al interior de la montaña. Presto le ayudo a mover la pesada piedra para despejar el camino.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Esqueleto alzado de la necrópolis del Sitial de Bronce (por Brian Snoddy).

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