viernes, 17 de junio de 2016

Crónica de Bresnius · V

15 de tarsakh del año 1368 CV
Al noreste de Velezhûil, Bosque de Cormanthor

Volvemos a partir de Velezhûil, y durante todo el día seguimos el rastro dejado por aquello que causó la desaparición de los pescadores elfos. Pasamos por el lugar del combate de la jornada anterior, y comprobamos que los cuerpos de los extraños seres prácticamente ya se han convertido en humus. Al examinarlo, Bathory advierte que los seres se constituían de una amalgama de hiedra y partes al tiempo leñosas y carnosas, de clasificación dudosa entre lo vegetal y lo animal. Recojo una pequeña pieza de bronce de las que componían su armadura.

La marcha transcurre sin sobresaltos, hasta que por la tarde llegamos a una zona húmeda en la que la semielfa descubre huellas entre el rastro. Ante sus experimentados ojos, se trata de pisadas de bota de humanos, elfos o semielfos en número indeterminado. Ello nos hace pensar que quizá los pescadores sigan todavía con vida. Además, también descubre hojas de hiedra en el rastro, lo que puede indicar que los vegetaloides están al servicio del origen del mal. Más adelante, en un terreno más escabroso, Bathory advierte también la marca de una mano en el fango. Esta vez, cree sin duda que se trata de la mano de un elfo o de un semielfo que ha tropezado y luego ha sido llevado a empujones.

Al examinar el área, descubrimos un corro de sauces de los que gotea una pegajosa savia rojiza. Un examen mágico revela poder en los árboles, aunque no así en su savia ni en la pieza de bronce de la armadura de los seres vegetaloides. Con gran precaución, Tomas descubre que la savia es venenosa para las hormigas, y Astric, al reconocer su peculiar olor, la identifica con el veneno de las armas de los vegetaloides. Le entrego un vial vacío de aguadulce y recoge savia venenosa, con la que más tarde impregna su daga. Es evidente que la zona es relevante para aquellos seres. Me gustaría indagar más sobre el poder que ahí se esconde, pero por el momento no nos podemos detener más tiempo. Es el primer descubrimiento de un lugar mágico que realizo para la fe de la Diosa, y me siento orgulloso de recorrer el camino del Misterio en Su nombre.

Ante la cada vez más clara posibilidad de que los elfos hayan sido hechos prisioneros, nos vemos apremiados y apuramos el paso. Como suponía, la ruta nos lleva en dirección hacia el Sitial de Bronce. Una vez llegamos a una llanura más elevada, al poco tiempo, se abre ante nosotros un llamativo y amplio claro ocupado por una leve hondonada, cubierta esta de gigantescos lirios petrificados de casi un metro de alzada. El paraje es tremendamente irreal. No hay duda de que algún suceso mágico ocurrió en el lugar, pero no estoy en disposición de precisar nada más. Quizá examinando el perímetro y su forma podría haber averiguado algo más, pero de nuevo no disponemos de tiempo. Tras debatirlo, decidimos seguir directamente el rastro y atravesar el claro con gran precaución, aun a pesar de mi desacuerdo, ya que nos exponemos a un lugar de potenciales y desconocidos peligros.

Mientras pasamos por el centro de la hondonada, Tomas divisa un cuervo, tan grande como lo pueda ser, que vuela siguiendo nuestra misma dirección. En ese preciso instante, es atravesado certeramente por una flecha salida del arco de Bathory. Nuestra sorpresa es todavía mayor cuando, al acercarnos, comprobamos que el negro pájaro no para de decir «Peligro, peligro» en idioma común. Sin duda se trata de un cuervo mensajero. Seguramente haya sido acertado interceptarlo, ya que, tal y como indica Astric, también pienso que el peligro del que pretendía advertir somos nosotros. Por su trayectoria, es muy probable que haya sido enviado desde Velezhûil, pues Iliria sabía que nos dirigimos al Sitial de Bronce y por lo que nos dijo, habló con los videntes tras recibirnos. Una coincidencia más que apunta hacia los ancianos elfos del poblado, aunque el idioma del mensaje sugiere que hay no elfos implicados. Bathory se encarga de custodiar al moribundo cuervo, al que es necesario atar el pico para acallar su mensaje. Es una evidencia que puede sernos útil para demostrar quién está detrás de todo esto.

Sin más, dejamos atrás el claro de las flores pétreas y continuamos siguiendo el rastro hasta el final de la jornada. Decidimos hacer noche, para lo que Bathory encuentra un pequeño claro algo elevado al cobijo de una pared de piedra. Comemos algo y hacemos turnos de guardia mientras descansamos. Pero durante mi vigilancia, casi sumido en el abrazo del sueño, algo altera mi tranquilidad. Un cántico entonado por profundas y gorgoteantes voces sale de entre los árboles cercanos. Sin duda, se está realizando un ritual mágico, el cual no puedo determinar, entre varios conjuradores. Rápidamente despierto a mis compañeros y les advierto de que es necesario detener el ritual a la mínima señal adversa.

Por contar con una mejor vista en condiciones de luz escasa, así como habilidades de infiltración, Astric y Bathory avanzan hacia los cánticos con esa intención. Mientras, Tomas y yo nos quedamos en el campamento para cubrir su repliegue, pues consideramos que la zona en la que nos encontramos ya es la más favorable en la que podemos estar. Tras unos instantes de angustia, divisamos claramente como, no muy lejos, dos pequeños fuegos permanecen breve tiempo encendidos, al tiempo que dos llameantes flechas vuelan hacia adelante. Un momento después, Astric regresa y se agazapa en la maleza. Bathory le sigue a poca distancia, perseguida por cinco de las criaturas vegetaloides. Antes de que podamos reaccionar, una de ellas conjura Enredar sobre Bathory, quien queda irremediablemente atrapada, no sin antes comunicarnos que han logrado detener el ritual. El combate es intenso, pero gracias a la puntería de Bathory con el arco, los ataques furtivos de Astric y los espadazos que reparte Tomas, salimos de la refriega sin recibir ningún impacto.

Mientras ayudo a la semielfa a liberarse de la maraña conjurada por el ser vegetaloide, Astric y Tomas acaban con el último de ellos, el cual se había quedado buscando algo de forma desesperada en el montículo de materia vegetal que formaba la parte central del ritual, y el cual aseguran se movía mientras entonaban los cánticos rituales. Al examinar los cuerpos, Bathory advierte que se componen de muérdago. Por lo que parece, cada especie de planta conforma un tipo diferente de criatura: hiedra para los guerreros y muérdago para los druidas. No puedo precisarlo todavía, pero tengo la sensación de que mediante el ritual estaban engendrando a un semejante, por lo que la naturaleza de la especie sería enteramente mágica. Decidimos examinar el montículo con la luz del día.

Una vez derrotadas todas las criaturas y asegurado el entorno, descansamos lo que queda de noche, no sin que antes implore a Mystra para la sanación de las quemaduras que se realizó Bathory a sí misma al disparar con flechas de fuego. Esta vez, el encuentro con los seres ha causado más impacto en su espíritu que en la anterior ocasión, pues al ir a recoger las flechas lanzadas, nos habla de unos aullidos de lobo que nadie más ha escuchado. Quizá sea debido a la evidente habilidad mágica que tenían estas criaturas y que no dieron muestra de tener las del día anterior. Incluso a pesar del mal que le inquieta, debo encomiar las habilidades de Bathory para seguir rastros y desenvolverse en el bosque, sin las cuales estaríamos perdidos. Por mi parte, he logrado sobrevivir a la primera noche en un lugar del todo salvaje.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


Engendro despertando durante el ritual nocturno interrumpido.


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