martes, 7 de junio de 2016

Crónica de Bresnius · III

14 de tarsakh del año 1368 CV
Al norte del lago Eredrûi, Bosque de Cormanthor

Determinados en averiguar sobre el antiguo horror de Cormanthyr, Bathory, Astric, sir Tomas y el que escribe, acudimos a la parte del lago Eredrûi opuesta a Velezhûil. Enseguida detectamos una zona de cañas aplastadas en la misma orilla. Al acercarnos, observamos en la hierba un extraño y ancho rastro que se interna en el bosque. Sospechando que pueda tratarse del lugar en el que desaparecieron los pescadores, me encomiendo a Mystra para detectar magia en el lugar. La pesquisa nos lleva a unos pocos metros en el interior del bosque, donde la Diosa me guía hasta una red mágica con peces podridos. No parece haber ningún rastro en el lugar; quizá algún animal cogiese la red para alimentarse con alguna de las capturas que contenía, o su dueño la arrojó al bosque por algún desconocido motivo. Recogemos la red con la intención de retornarla a Velezhûil y regresamos a la orilla del lago.

Guiados por Bathory, seguimos el extraño y evidente rastro que parte de las cañas aplastadas, el cual no logra atribuir a ningún ser o seres en concreto, y nos internamos en Cormanthor. Al instante, Bathory comienza a sentirse intranquila, le cuesta incluso hablar con calma; por momentos, balbucea entre el idioma común y el elfo. Es evidente que el terror que allí habita está haciendo mella en su sangre élfica, aunque logra sobreponerse y avanzar.

Tras seguir el rastro durante toda una hora, Astric nos advierte de una espeluznante escena: dos horrendas criaturas, de figura humanoide achaparrada y composición vegetaloide semiputrefacta, están devorando a un tierno cervatillo. Sin casi tiempo para pensar, Astric inicia la ofensiva al lanzarles un par de piedras con su honda. Nos armamos de valor y coraje para enfrentarnos a los seres, quienes empuñan lanzas hechas de lianas y puntas de bronce. Pronto, Sir Tomas comienza a repartir serios tajos. Logramos salir victoriosos de la dura refriega, aunque me veo herido por dos veces con sus emponzoñadas astas. Por fortuna, el aguaclara del lago Eredrûi entregada por los elfos, disipa en mí los efectos nocivos de su veneno ralentizante. Parece cierto que el lago encierra poder, pero todavía no puedo determinar si su naturaleza es mágica.

Al recapacitar sobre lo sucedido, nos percatamos de que Bathory no se ha sentido peor por combatir a los seres, quienes parecen más bien criaturas del bosque. Tampoco se parecen a los demonios de mis ensoñaciones, estoy seguro de que lo recordaría. Tras un examen superficial de los restos del cervatillo, es fácilmente perceptible como buena parte de su sangre y sus huesos han sido devorados. Además, Bathory no logra encontrar ninguna huella ni marca que hayan podido dejar los seres, muy al contrario del rastro que estamos siguiendo desde la orilla del Eredrûi.

Todo ello me lleva a pensar que estas criaturas sí son responsables de las apariciones de animales deshuesados y exanguinados, pero no de las desapariciones de los pobladores de Velezhûil, por lo que no se trata del horror de Cormanthyr. De todas formas, todavía pueden ser degeneraciones surgidas del propio horror, o simples criaturas empujadas por este hacia la zona del bosque frecuentada por el Pueblo Gentil.

En cualquier caso, no parecen el enemigo a combatir, por lo que sería recomendable evitarlos de ahora en adelante, en la medida de lo posible. Quizá sea oportuno volver a Velezhûil para advertir de los descubrimientos, solicitar más agua curativa del lago, pasar la noche, aunque con un ojo vigilante a los videntes quemalibros, y retomar el rastro mañana. Por el bronce que portan los extraños seres a los que nos hemos enfrentado, creo firmemente que el rastro nos llevará al Sitial.

Después de todo lo ocurrido, empiezo a pensar si sir Tomas no es el paladín que vi en el sueño. Todavía no le he visto combatir contra demonios ni sé nada sobre su dios Tyr, ya que, a pesar de habérselo preguntado directamente, no me ha contestado. Aunque el silencio como respuesta es para mí un conocido habitual.

Bresnius de Mystra, servidor del Misterio


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