viernes, 8 de febrero de 2019

¿Sabías qué? Secretos cartográficos de Bajomontaña





A menudo tendemos a pensar que los más famosos y laureados suplementos, módulos y ayudas de nuestro juego favorito son, sin ningún género de dudas, perfectos. T1-4 The Temple of Elemental Evil, Epítome de campaña de Planescape, La Isla de los grifos, Metrópolis, El enemigo interior, La Gran Campaña de Pendragón, Las Máscaras de Nyarlathotep o Night's Dark Terror son nombres que resuenan con fuerza en nuestros oídos; una suerte de vacas sagradas provenientes de una era mítica donde se utilizaban técnicas de creación y publicación hoy perdidas en el tiempo.

Sin embargo, muchas veces olvidamos que tales publicaciones fueron hechas en épocas de recursos escasos, tecnología precaria, personal poco experimentado, editores ausentes o deadlines de locos. El caso al que quiero referirme es al de la caja Las Ruinas de Bajomontaña (1991) para Reinos Olvidados de AD&D 2ª Ed.: por mucho que les pese a sus detractores, es un producto mítico, totalmente de lujo para la época; realizado por algunos de los mejores profesionales del momento —Greenwood, Pickens, Brom, Easley, Sutherland...—. Sin embargo, debajo de todo el loor y la pompa del megadungeon de Halaster, se esconde un pequeño secreto fruto de la improvisación y las prisas por sacar al mercado el producto.

En concreto, me estoy refiriendo al mapa de la zona este del primer nivel de la mazmorra. Resulta que su estructura de corredores y estancias coincide exactamente con el mapa del primer nivel de las no menos famosas Cavernas de Quasqueton, aparecidas en el módulo de B1 In Search of the Unknown (1979, Mike Carr).

En la siguiente imagen he tomado los planos de las ediciones originales de ambas mazmorras. Ni siquiera he tenido que rotar o cambiar las proporciones de ninguno de los dos mapas para que ambos coincidan prácticamente a la perfección —incluso en su orientación Norte—, salvo en algunos detalles que en Bajomontaña aparecen simplificados.

Arriba - Nivel 1 de Bajomontaña. Abajo - Nivel 1 de Quasqueton

¿La explicación? Muy sencillo. Cuando los responsables de TSR pidieron a Ed Greenwood los mapas de su flamante Bajomontaña, el torontoniano les entregó un cuaderno lleno de abigarrados textos ininteligibles, líneas temblorososas, tachones, borrones y decenas de anotaciones al pie organizadas de forma tan caótica como minuciosa.

Los editores no querían enfrentarse a las notas garrapateadas de Greenwood y perder tiempo en un proceso de traducción y normalización que se antojaba arduo y trabajoso. Como alternativa y debido a las prisas, Dave Sutherland III —responsable de cartografía de la caja— amarró un buen número de planos pertenecientes a módulos clásicos y simple y llanamente los unió a modo de collage para crear el megacomplejo de Bajomontaña. Entre aquellos mapas, obviamente, estaba el de las Cavernas de Quasqueton.

Parece demostrado que Sutherland utilizó los mapas originales de Greenwood sólo en las zonas cercanas a la entrada a la mazmorra a partir del Portal Bostezante. Por ese motivo, si examinamos los mapas de la caja, las estancias y pasillos cercanos a la posada son de arquitectura más pequeña y están más juntos entre sí que en las zonas periféricas del dungeon —aquellas áreas que improvisó Sutherland a la carrera—.



Tras el visto bueno de TSR, así quedó Bajomontaña para la posteridad, hasta que veinte años después (2011) Dyson Logos encontró el «huevo de pascua» de casualidad y lo hizo público —aunque es posible que otros jugadores y fans lo descubrieran antes—. Resulta que, dentro de Bajomontaña, además de laberintos, puertos pirata, reinos enanos, minas, cámaras arcanas y puestos de avanzada drow; tenemos insertado el hogar de Rogahn y Zelligar, ¡y nada menos que en el primer nivel del dungeon, delante de nuestras narices!

Pero la cosa no se queda aquí, ya que entre ese puñado de mapas que Sutherland tomó, también había cartografía del juego Empire of the Petal Throne (1975, TSR), EPT, la cual el propio Sutherland había desarrollado para su campaña de 1978 en el mundo de Tékumel. Es decir, de esta forma la historia de Bajomontaña se entrelaza tanto con el primer módulo de la línea Basic de D&D como con un juego de rol de auténtico culto, el EPT del profesor M. A. R. Barker. No en vano, el propio Barker había recomendado a TSR la contratación de David Sutherland, quien era uno de sus jugadores de EPT. Es fascinante constatar cómo y cuán frecuentemente se entreveran las distintas ramas de la historia de nuestra afición.

A mediados del año pasado se subastaron a través de eBay algunos de los mapas originales del Tékumel de Sutherland que coinciden con los de Bajomontaña. En concreto, tres mapas de 17" x 22" y siete páginas escritas por Sutherland fueron vendidas por $200, un precio bastante ajustado teniendo en cuenta la fiebre por el coleccionismo de originales y bocetos firmados por autores reconocidos de los viejos tiempos. Según Jon Peterson, autor de Playing at the World y uno de los auténticos arqueólogos y eruditos del hobby,  los mapas de Tékumel coinciden con ciertas áreas del nivel 3 de Bajomontaña. No lo he contrastado, pero los mapas originales escaneados de Sutherland pueden encontrarse fácilmente por la red.


La gran pregunta es: ¿habría sido Las Ruinas de Bajomontaña un suplemento mejor si TSR hubiese dedicado tiempo y recursos para adaptar correctamente las notas de Greenwood? Probablemente sí, ya no sólo por respeto hacia la visión del autor, si no porque tanto amantes como detractores coinciden en que la cartografía, dispersa y poco detallada, es el principal punto flaco de la caja original del megadungeon. De tal cuestión se deriva otra, no menos interesante: ¿cuál es la auténtica versión de Bajomontaña de Ed Greenwood? Posiblemente nunca la veremos publicada, ya que el implacable canon de D&D ha empujado a la versión bastarda de Sutherland al trono de la oficialidad.

Adenda: si bien la zona del megadungeon que hoy nos ocupa no fue tratada ni en Ruins of Undermountain II: the Deep Levels ni en Halls of Undermountain —suplemento para 4ª Edición—, sí encontramos algunas estancias de la zona descritas en Waterdeep: Dungeon of the Mad Mage para D&D 5. Sin embargo, en esta nueva encarnación el área ha sido simplificada todavía más, haciéndola prácticamente irreconocible salvo en su parte más septentrional.


jueves, 31 de enero de 2019

Así es como jugaba Gary Gygax (parte I)



A menudo se habla de «jugar al modo de antaño», o de juegos de «la vieja escuela», como si existiera una manera ortodoxa de jugar a D&D que estuviese siendo borrada por el paso del tiempo y las nuevas generaciones de aficionados. Pese a que no creo que exista una sola manera correcta de jugar, ni tengo la impresión de que la «amenaza» que se cierne sobre los «valores tradicionales» demande una «reacción» —nótese cómo la utilización de este tipo de términos conforman el discurso reaccionario de manual—, sí me parece interesante capturar y preservar las ideas que conforman el juego primitivo, o al menos comprender cuáles eran los propósitos que subyacen bajo su diseño y cómo era el caldo de cultivo de aquella época. No por purismo, lo cual no tiene demasiado sentido en un blog que dista mucho de ser purista al estar abierto a cualquier edición, variante o hack de D&D; si no por la simple necesidad de satisfacer nuestra curiosidad y al mismo tiempo determinar cuánto de interesante podemos extraer de esa inmersión, y cuánto de ello podemos aplicar en nuestras propias partidas.

Por ende, esta serie de artículos están dedicados a recoger las opiniones de Gary Gygax acerca de cómo él entendía el juego; gracias a Internet pueden leerse directamente de su puño y letra, sin intermediarios ni voceros, aunque para entenderlas siempre resulten necesarias las matizaciones de aquellos más directamente relacionados con su persona (en el caso que nos ocupa, de Tim Kask).

Las opiniones replicadas durante décadas, filtradas por el sesgo particular de cada informador, habitualmente acaban lanzando ideas distorsionadas, modificadas lo suficientemente como para que pierdan su esencia y sentido. Ahora proliferan artículos e incluso libros que te «enseñan» a jugar al modo clásico y glorifican e idealizan una época, pero cabría preguntarse si sus responsables tienen una idea clara y asentada de lo que significa modo clásico; y cuánto han leído y jugado el material original.

Sea como sea, aquí viene una buena sarta de ideas en crudo, extraídas de los pensamientos y opiniones de Gygax que por suerte todavía pueden encontrarse en Dragonsfoot y ENWorld, ya que en sus últimos años de vida participó en dichas comunidades contestando dudas y rememorando batallas pasadas.

Como cualquier persona de carne y hueso, Gygax entra a veces en contradicciones consigo mismo. Eso se torna especialmente cierto cuando, a toro pasado, analizamos pasajes sacados de artículos, manuales y suplementos editados a lo largo de varias décadas que abarcan tanto ediciones como juegos distintos —desde OD&D hasta Lejendary Adventure—. Que Gygax cambiase sus opiniones u olvidara detalles con el paso del tiempo es signo inequívoco de que no existe ese Santo Grial del juego ortodoxo y correcto. Por tanto, no debemos ser más papistas que el Papa. Antes de entrar en materia, es importante reseñar que Gygax no fue el único responsable de la criatura. En ocasiones su filosofía de juego y forma de ver las cosas entra en conflicto con la opinión de otras figuras importantes del elenco histórico de D&D, como Arneson, Carr, Kuntz, Ward, Greenwood, Holmes, Mornard, Cook, Moldvay, Marsh, Mentzer, Turnbull, Lakofka, Grubb, Winter, o —por qué no— Blume, Kaye, Perrin, Barker o Bledsaw. En ocasiones me he sentido tentado de matizar algunos de los asertos de Gygax, pero prefiero dejar el asunto para futuros artículos centrados en cada tema en concreto, y de esta forma contaminar lo menos posible la información. Me he limitado a recopliar la información, traducirla y darle forma de aserto, a modo de compilación de escolios. Por tanto, huelga decir que no se trata de una traducción directa. Para amerar mis propios sesgos y errores, siempre incluyo la fuente original de información.

Personajes

Un buen punto para retirar a los Personajes estaría entre el Nivel 12 y el 15. Siempre que os aburráis de ellos, claro. [Fuente]

Los Magos deberían ser Personajes únicos y fascinantes, para nada comunes. Hay que evitar la proliferación de Magos como Personajes, de ahí sus bajos puntos de golpe (DG d4) y las escasas opciones que tienen en los primeros Niveles. [Fuente]

Sólo OD&D: En su encarnación más clásica (OD&D), los Magos son capaces de desempeñarse medianamente bien en combate; tan sólo la falta de armadura y la progresión más lenta en sus oportunidades de golpear los hacen menos indicados para las refriegas, pero en ocasiones, con una daga, pueden causar más daño que un Hombre de armas con un hacha. [Fuente]

Sólo AD&D: Las reglas que permiten a los elfos conjurar mientras visten armadura y el resto de sus capacidades superheróicas sólo están puestas en el juego para acallar las quejas de los fans de Tolkien. Sólo los elfos con cota de mallas élfica deberían poder conjurar con armadura, aunque si se hacen multiclase podrían aspirar a lanzar conjuros vistiendo armaduras superiores, incluso corazas o armaduras completas. [Fuente] y [Fuente]

Los elfos no pueden ser resucitados, ya que carecen de alma. Esto no es sólo un concepto mecánico, si no que su razón de ser reside en el folclore. [Fuente]




Puntos de Experiencia y Niveles

Los PX se obtienen por encontrar tesoro, por matar o eliminar monstruos, y por conjuros, habilidades de ladrón, detecciones del mal, rastreos, etc. usados de forma significativa —es decir, que tengan impacto en el juego—. Los conjuros empleados de forma útil proporcionan 100 PX por nivel de conjuro. Ésa es la razón por la que los PX necesarios para que un mago suba de Nivel aumentan de forma casi exponencial. El dinero obtenido de la venta de objetos mágicos a PNJ cuenta como tesoro y proporciona PX —otra de entre muchas razones por las que el DM debe ser cuidadoso al introducirlos en su campaña—. Las ventas pueden ser decididas por el grupo o por un PJ en concreto —el dueño del objeto—, y los PX obtenidos se reparten en consecuencia, bien entre todos, bien de forma individual. [Fuente] y [Fuente]

La razón definitiva por la que los aventureros arriesgan sus vidas es el dinero y las joyas. Por eso el tesoro forma parte integral del sistema que mide el éxito de la misión—la obtención de PX—. Es mucho más importante llevar registro de las ganancias del grupo que saber a cuántas criaturas han matado. El tesoro es lo que cuenta. Es la ÚNICA medida razonable para valorar el éxito de los ladrones. [Fuente]

Sólo OD&D: el elfo puede ganar PX bien como Hombre de armas, bien como Mago (según actúe durante la sesión). Sin embargo, como desventaja, cada vez que sube de Nivel obtiene sólo la mitad de puntos de golpe al tirar sus DG. [Fuente]

Una de los desafíos del sistema de Clases y Niveles consiste en racionalizar y explicar la presencia de PNJ de alto Nivel. [Fuente]


Alineamiento

El Alineamiento Neutral Auténtico no representa la generalidad y la vaguedad, si no que representa a las personas que creen en la armonía de la creación y en el equilibrio de todas sus fuerzas. Para un NA, el resto de Alineamientos son necesarios para construir el conjunto del mundo y para contraponerse entre sí —no existe el bien si no hay mal—. [Fuente] y [Fuente]

En un entorno estándar de fantasía, sólo los Druidas pueden ser sacerdotes de Alineamiento Neutral. Por defecto, cualquier Clérigo Neutral es en realidad un Druida, ya que de entre todos los sacerdotes sólo ellos se adhieren a los preceptos de tal Alineamiento. [Fuente]


Equipo y tesoro

La economía del juego se basa en la moneda de oro, no en la de plata, como puede leerse erróneamente en algunos sitios. Una pieza de cobre equivaldría aproximadamente a un dólar estadounidense del mundo real. [Fuente]

El grupo debería tener un acuerdo acerca de cómo repartir el tesoro antes de empezar la aventura. Normalmente los PJ de mayor Nivel suelen recibir una fracción superior a la de otros PJ de menor Nivel. Por ejemplo, un Ladrón de Nivel 4 en un grupo con 20 Niveles en total debería recibir aproximadamente 4/20 del tesoro, es decir, 1/5 o el 20%. Pueden realizarse tiradas para determinar un orden de elección de objetos mágicos —por ejemplo, quien obtenga un resultado mayor, elige primero—. [Fuente]


Combate y peligros

Las reglas de combate son una pobre simulación del combate real. Por tanto, mantén las cosas simples. [Fuente]

Reglas de Sorpresa e Iniciativa: Tira 1d6 para determinar si un bando está Sorpendido, 1 = 1 asalto de Sorpresa, 2 = dos asaltos de Sorpresa. Tira 1d6 para la Iniciativa de cada bando, los empates implican ataques simultáneos. [Fuente]

Sólo AD&D 1: durante la Sorpresa, las armas a distancia actúan igual que cualquier otro arma. Si un arquero con IF 2/1 obtiene 3 segmentos de Sorpresa, podrá realizar hasta 6 disparos. [Fuente]

Los lanzadores de conjuros deben anunciar los hechizos que planean usar ANTES de tirar Iniciativa. Si reciben Daño antes de haber actuado, el Conjuro se pierde (es interrumpido). [Fuente]

Un lanzador de conjuros en un bando que haya ganado la Iniciativa —asumiendo que se utiliza la regla de Iniciativa grupal— debería poder lanzar un conjuro ANTES de cualquier otro ataque, siempre que dicho conjuro tenga un tiempo de lanzamiento igual o menor a un asalto. [Fuente]

A 0 PG los Personajes están inconscientes, no muertos. Mueren a -1 PG, con un -1 adicional por cada Nivel (-2 a Nivel 1, -3 a Nivel 2, etc.). Cualquier pócima o conjuro de curación los restaura y saca de la inconsciencia inmediatamente. [Fuente]

Sólo OD&D: aunque todas las armas hagan el mismo daño (1d6), en caso de empatar la Iniciativa, los portadores de armas más largas atacan primero. Además, las armas de metal como las espadas duran más que aquellas hechas de madera. [Fuente]

Las tiradas de shock del sistema fueron incluidas para evitar el abuso de conjuros como Revivir a los muertos. [Fuente]



Conjuros y magia

Los Misiles mágicos siempre deben acertar. Cualquier acción ofensiva, incluyendo lanzar un conjuro o robar bolsillos, rompe un conjuro de Invisibilidad. [Fuente]

Las reglas de entrenamiento para subir de Nivel o para obtener nuevos conjuros no son necesarias; si un Mago desea ganar nuevos hechizos, deberá copiarlos de libros de magia y pergaminos encontrados o prestados por otros colegas. [Fuente]

Si no usas reglas de psiónica en tu campaña, los poderes relacionados con ella, como la ráfaga mental del desuellamentes, deben ser tratados como capacidades mágicas. [Fuente]


Objetos mágicos

Los Personajes no deberían ser capaces de crear objetos mágicos poderosos, ni de ningún modo poder comprarlos. Los Objetos mágicos de esa clase están pensados para ser ganados a través del éxito en la aventura. [Fuente] y [Fuente]

Sin embargo, que los Magos y Hechiceros sean capaces de crear nuevos conjuros o modificar los existentes es algo totalmente válido y debe ser alentado. [Fuente]

Hay que catar las pociones y experimentar con ellas para averiguar qué hacen. [Fuente]

Los objetos mágicos no deberían perder sus bonificadores conforme se alejan del Plano material en el que fueron creados —regla aparecida originalmente en el Manual of the Planes de Jeff Grubb y muy utilizada en entornos de campaña posteriores como Planescape—, si no que sus modificadores deberían permanecer constantes y lo que sí debería poder variar es su valor económico, dependiendo del tipo de magia empleada en su creación. [Fuente]


Monstruos

Los demonios y diablos carecen de nombre en el Monster Manual de 1977 simplemente porque sólo los Personajes más poderosos iban a encontrarse alguna vez con uno de estos seres, y no valía la pena perder demasiado tiempo en nombrarlos. Por tanto, no ha lugar para esa vieja polémica sobre si esas criaturas deberían o no ser bautizadas con un nombre —de todas formas, tanto demonios como diablos muestran entre paréntesis un nombre específico (vrock, glabrezu, hezrou, etc.) en el Monster Manual de 1977—. [Fuente]

Los drow fueron creados para ser la raza dominante del mundo subterráneo al igual que los humanos lo eran en la superficie. Son malignos, odiosos y oportunistas, pero no se muestran siempre melancólicos ni están angustiados. [Fuente]

A pesar del parecido entre sus nombres originales en inglés, no existe una relación entre los wights —tumularios— y los wraiths —preternaturales o aparecidos—, más allá de que ambos son muertos vivientes. El wight está más relacionado con el lich que con el wraith. [Fuente]

La banshee no es un muerto viviente, si no que es un espíritu. Por tanto, no puede ser ahuyentada por un Clérigo. [Fuente]


Módulos

A continuación, una lista de módulos clásicos y el orden en el que pueden ser jugados —nótese que Gygax evita explícitamente incluir Q1 Queen of the Demonweb Pits, ya que no le gustaba ese módulo—:

  1. Keep on the Borderlands
  2. Village of Hommlet
  3. The Temple of Elemental Evil
  4. Dungeonland
  5. The Land beyond the Magic Mirror
  6. The Lost Caverns of Tsojcanth
  7. The Forgotten Temple of Tharizdun
  8. Steading of the Hill Giant Chief
  9. Glacial rift of the Frost Giant Jarl
  10. Hall of the Fire Giant King
  11. Mordenkainen's Fantastic Adventure
  12. Tomb of Horrors
  13. Descent into the Depths of the Earth
  14. Shrine of the Kuo-toa
  15. Vault of the Drow
  16. Isle of the Ape
  17. (Necropolis, parte final)
[Fuente]


Filosofía de juego

Debes moldear el juego para acomodarlo a tus preferencias, aunque esto vaya en detrimento del reglamento (es decir, aunque rompa el juego). D&D es un juego de rol vivo, no está virtualmente muerto. [Fuente]

Las dos principales fuentes de inspiración de D&D son la Era Hyboria de R. E. Howard y la Historia medieval, aunque no hay forma de determinar cuál ha sido más influyente en el desarrollo del juego. [Fuente]

Si los Jugadores no se sienten cómodos ni disfrutan con el roleo en las ciudades, ni quieren andar buscando al enésimo mago para comprarle el enésimo componente, simplemente saltáos esa parte e id directos a la aventura tras hacer las compras, números y gestiones necesarias. [Fuente]

El propósito de AD&D nunca fue simular «la vida real», si no el de proponer un juego sobre exploración, búsquedas, hazañas y acción intrépida; mezclados con la cantidad de roleplaying —entendido aquí como actuar, representar un papel— que prefiera el grupo. [Fuente]

Los jugadores amantes de las reglas —rule-players— se aferran a las nuevas ediciones de D&D (3.0, 3.5, 3.999, 4, etc.) como garrapatas a un perro. En realidad, son jugadores de rol del género de superhéroes. Es difícil que se interesen por las ediciones antiguas porque las modernas proporcionan una gratificación instantánea de la misma forma en que lo hacen los videojuegos. Sin embargo, puede hacerles cambiar de opinión una sesión en la que disfruten con la cooperación grupal y el desafío de carecer de superpoderes y tener que resolver las cosas sólo mediante ideas e imaginación. [Fuente]




sábado, 26 de enero de 2019

Castle Zagyx: Traveller


https://castlezagyx.bandcamp.com/album/traveller

Estos meses pasados he estado trabajando en el segundo álbum LP de Castle Zagyx llamado Traveller. En esta ocasión he querido dar rienda suelta a los sonidos más electrónicos y por un momento dejar de lado la parte más clásica/orquestal del proyecto.

En el disco encontraréis canciones de estilos variados: synthwave, dark synth o downtempo; influencias dub, trip-hop, idm... incluso hay un par de temas con toques j-pop y house. Pese a esta heterogeneidad, he intentado dar al álbum una pátina de unidad y coherencia, tratando de que todo el conjunto se sienta como parte de una banda sonora de Ciencia Ficción: cyberpunk, exploración espacial, space-opera, transhumanismo...son los términos que han ido rigiendo el proceso de creación del álbum.

He procurado representar musicalmente lo que mejor conozco del género: su literatura; desde Orwell, Huxley, Bradbury, Scott Card, Asimov y Lem; hasta Egan, K. Dick, Pynchon o De Lillo; pasando por Clarke, Le Guin, Gibson, Stephenson o Niven. Porque para mí, al igual que  pienso acerca de la fantasía; antes que cine, televisión, radio, cómic, vídeos o podcasts, la Ciencia Ficción es eminentemente lectura —¡el medio que me proporciona una mayor sensación de escapismo!

Lo que no se ha perdido por el camino son las referencias roleras, en este caso a módulos y suplementos de juegazos como Traveller, Gamma World, Metamorphosis Alpha, Cyberpunk o el propio D&D y su Expedition to the Barrier Peaks.  

Para su confección he utilizado emulaciones de sintetizadores clásicos y cajas de ritmos de los años 70, 80 y 90: Oberheim Matrix 6, Mini Moog, Roland TR-909 y TR-606, Casio CZ1, Ensoniq ESQ-1, Yamaha SY77, Prophet VS.... a la hora de mezclar he hecho lo mismo con las consolas, ecualizadores, compresores y limitadores: emulaciones de SSL, Fairchild, Pultec, Neve, API... todo con intención de «dar un aire retro al futuro».

Espero que os guste el resultado.

Podéis escucharlo y apoyarlo aquí.




miércoles, 16 de enero de 2019

Héroes sí, pero menos


Hoy he querido traer al blog un artículo de seis páginas que escribí a finales de 1998 y que nunca llegó a ver la luz. Como pronto constataréis, su forma, tono y estilo están ampliamente inspirados en las entradas de la mítica Dragón Magazine de la época, traducciones de su homónima norteamericana las cuales siempre te enseñaban algo nuevo que no aparecía en las reglas del juego. Aunque sus premisas actualmente pueden parecer obvias, algo ingenuas y naíf; creo que siguen siendo válidas para todos los amantes del estilo de juego clásico y de la Espada y Brujería; sobre todo para quienes deseen darle un tono más mundano y cruento a su estilo. Me ha sorprendido descubrir que, pese a las dos décadas pasadas, mi forma de entender D&D se ha mantenido más o menos inalterada; lo cual me lleva a reflexionar si eso es bueno o malo. Diatribas aparte, os dejo con el artículo.




HÉROES SÍ, PERO MENOS

Una serie de consejos para que tus partidas de D&D «brillen menos»
por Javier Arce


Los tiempos cambian, las tendencias varían, y el D&D no se queda atrás. El reglamento y la forma de jugar han evolucionado enormemente desde la década de los 70, pero hay una cosa que ha permanecido inmutable a lo largo de todas las ediciones del juego. Los personajes machacan, golpean, conjuran, viajan, reciben terribles golpes y son objetivo de rayos y bolas de fuego. Y sin embargo, hasta que no llegan a los 0 puntos de golpe, no caen al suelo. La mayoría de DMs no se fijan en pequeños detalles como el gasto de los ropajes y pertrechos de los pjs, o en lo rápido que se infecta un tajo abierto con un puñal herrumbroso. Esto es algo normal, puesto que el DM no puede estar al tanto de todos los contratiempos que le suceden a un grupo y no estamos ante un juego de corte «realista», pero en ocasiones se peca de facilitar mucho las cosas a los pjs. En el D&D, los personajes no son héroes, son ante todo buscadores de fortuna… y atractores de la mala suerte.

Algunos disfrutan con la fantasía heróica, brillante y sin complejos, donde el blanco acaba venciendo al negro. ¿Eso está bien? Claro que está bien, siempre y cuando todos los participantes se diviertan. Sin embargo, un máster demasiado tolerante acaba arruinando parte de la tensión y la sensación de peligro que debe acompañar a toda buena partida, y acaba pecando de igual forma que un máster demasiado intolerante. Los jugadores terminan pensando que no importa lo que hagan sus personajes, ya que acabarán triunfando antes o después. Y no estamos hablando exclusivamente del combate. El combate es sólo una parte más, importante, eso sí, pero este artículo no va a centrarse demasiado en él. Se basa más en la supervivencia al aire libre y los efectos lógicos que una vida de riesgo y viaje causan en las personas.

Este pequeño compendio de sugerencias trata de dar ideas sencillas a los DMs para hacer un poco más complejo el camino a los jugadores. No se trata de aplicar todos los conceptos que se proponen de golpe y porrazo, tampoco tiene este artículo la pretensión de hacer el juego más parecido a la dura e ingrata vida real —puesto que el D&D no es precisamente el mejor juego en el que buscar realismo—, ni tampoco de modificar las reglas ni crear complicados sistemas de deshidratación o muerte por inanición —que ya están hechos, son sencillos y funcionan, ¿para qué liar más las cosas? Por supuesto tampoco se trata de entorpecer el juego, haciéndolo lento y creando en tus jugadores una especie de psicosis que les haga pensar que su siguiente acción va a traer una nefasta consecuencia. Utiliza estas sugerencias y ejemplos con cuentagotas, y sólo para dar una pizca de coherencia, colorido y realismo al juego.

Aquí hay consejos. Consejos a veces crueles. Puedes llamarlo el pequeño compendio de putadas y tribulaciones aventureras.


La túnica de las mangas infinitas

El combate con los reptiles trogloditas resultó ser una encerrona que había acabado en carnicería. Garbuck estaba muerto bajo una pila de cadáveres verde-grisáceos, por él nada se podía hacer. Incluso si hubiera estado con vida, Ilman se habría pensado dos veces el ir a socorrer a ese bobalicón con más boca que músculo. Sin embargo, lo de Salme era otra cosa. Ella sí estaba con vida, aunque gemía de dolor, tendida en el barro. Las jabalinas le habían abierto múltiples cortes en su vientre y piernas, que no dejaban de sangrar. Ilman corrió hasta ella y se agachó a la vez que tiraba a un lado su bolsa de componentes mágicos para que no le entorpeciese en la delicada labor mundana que iba a acometer. Con un gesto de determinación, el mago arrancó una manga de su túnica y comenzó a vendar las heridas de la mercenaria.

Pero vamos a ver. ¿Alguien puede creerse que puedes lanzar una tirada de Curación empleando las malditas mangas de tu túnica? Para curar realmente una herida hacen falta vendas, gasas, pomadas, y sobre todo agua limpia. ¿Quién no ha hecho esto alguna vez? Me arranco un trozo de la capa y vendo a mi amigo. Por favor. Seamos serios. Lo único que puedes conseguir con eso es que las heridas del pobre desgraciado se infecten más rápidamente y sus miembros se gangrenen, aparte de destrozar tu bonita capa. Además, ¿quién lleva la cuenta de las mangas que te quedan? Tu personaje lleva dos años de aventuras y aún no se ha cambiado esa ridícula túnica, y en varias ocasiones la ha empleado para curar a algún imbécil con poca suerte. ¿Tenía ocho mangas? ¿Era una túnica para Thri-Kreen? El DM no debería permitir esto. La ropa no sirve para curar ni es imperecedera. Para eso está el equipo de curandero y el Herbalismo. Una prenda hecha jirones no protege del frío, no salva de la lluvia, y causa un efecto horroroso en la apariencia. ¿Tú crees que los encargados de la Torre de Garuf el Justo van a dejar entrar a un tipo con las mangas arrancadas y la capa hecha un guiñapo? Apostaría a que no.




Adelante, sin mirar atrás

Al final de la mañana, los compañeros encontraron la riba del río. Por fin un golpe de suerte después de tantos días aciagos. Con rapidez, comenzaron a remontar el cauce, para así poder escapar de una vez del laberíntico bosque fantasmal. Sin embargo, en ningún momento se desvistieron sus armaduras o bajaron sus escudos, puesto que el anuncio de un ataque inminente se escuchaba en el ulular de los árboles, el crujir de los juncos y el chocar del agua brava contra las puntiagudas rocas.

Qué evocador. Esto está muy bien para alguien que no haya salido en su vida de casa y se ha dedicado a jugar a Doom y a comer Doritos durante 27 años. Pero tú, que has estado en el río, sabes que andar por su orilla es una auténtica canallada, un infierno. Hay matorrales enormes que no te dejan pasar, cañadas interminables, juncos, zarzas con espinas. El río no discurre por una plancha lisa de metal; sube si lo remontas, baja si lo desciendes. Esto quiere decir que en sus orillas se forman barrancos, terraplenes, depresiones y desniveles. En el cauce alto esto es especialmente cierto. Ahí el río literalmente cae, desciende por pronunciadas pendientes llenas de pequeñas rocas afiladas y enormes rocas inamovibles que te obligan a meterte dentro del agua para poder continuar. El cauce bajo no es especialmente mejor. Se forman marismas, zonas pantanosas llenas de fango donde clavarse hasta las rodillas; y los insectos molestos se encargan de dar cuenta de las porciones de tu cuerpo que sobresalen del barro. Hay sanguijuelas y serpientes, y caminar con las botas mojadas es garantía de acabar con los pies ulcerados y llenos de hongos. El discurrir del río forma meandros largos e interminables, que pueden aumentar el tiempo de viaje y hacer andar el doble a los personajes.

Estas cosas te ocurren cuando vas con tu primo Manolo a pescar, con una caña y una mochila. Imagínate cómo puede aumentar la dificultad intrínseca de remontar o descender un río cuando vas ataviado con una armadura de placas, en tus espaldas descansa una mochila cargada de cacharros y en tus manos hay una guja. No quiero ni pensar en cómo serán los ríos de clima tropical. Casi es preferible el bosque fantasma del ejemplo.


Se lava cuando llueve

Rogrum entró en el salón con el semblante en alto, tratando de no cruzar la mirada con ninguno de aquellos ladinos y mezquinos cortesanos. Tenía que dar la sensación de estar muy por encima de todas aquellas zalameras putitas del Senescal. Cuando su silueta se recortó en el umbral del portón, las voces soterradas y los murmullos conspiradores cesaron al unísono. A la luz de las antorchas, la bruñida armadura refulgía como si la luz emanase de cada una de sus largas placas de acero, como si sus piezas estuviesen aún en el foso de la forja, despidiendo un calor y una brillante luz capaces de apartar la escoria de su lado. El completo silencio creado con su aparición le supo como si hubiese sido recibido con cincuenta trompas bufando al viento y con el martilleo de doscientos tambores. La armadura del Quinto León la había llevado su abuelo, posteriormente su padre, y éste la legó a su hijo; a Rogrum, cuando apenas contaba con dieciséis años de edad. Desde entonces, los diamantinos ojos del felino que aparecía grabado en el pectoral habían visto caer a los corsarios de Balmung en Las Guerras de la Corona y al ejército de Ivalán Sangreazul en los cerros de Hilkar.

Ya. Claro. Si yo no lo niego. Pero un tipo que lleva subidos diez niveles con la misma armadura y que jamás se ha molestado en limpiarla o repararla, seguramente vestirá un trasunto de lata oxidada el día que se presente en la recepción del Emperador. Lo más probable es que le confundan con un pordiosero enlatado y no le dejen entrar por mucho dragón que haya despachado durante sus andanzas. Limpiarla con aceites y grasas está muy bien, pero asegúrate de que pasan un par de días antes de volver a ponértela si no quieres desprender un hedor penetrante y repulsivo. Si quieres ser el personaje más socialmente hediondo, prueba a usar armadura acolchada por los parajes de Calimshan o Chult.

Cuando te golpean, las piezas se abollan. Crujen y se parten. Las escamas se desprenden, los anillos se quiebran. Cuando la esfera llameante te pasa por los zapatos, quema las cinchas de las grebas si no superas la tirada de salvación contra conjuros. Es un detalle por tu parte lo de «cuando acabamos de montar el campamento, me pongo a arreglar la armadura», pero no deberías ser tan positivo. Una armadura no se repara de noche con la luz de una fogata y sin herramientas a mano. Ésa es una tarea que debe hacerse en un taller, herrería o forja. Sin los instrumentos adecuados, lo más que puedes hacer es reforzar una cincha o bruñir alguna pieza, pero olvídate de la historia ésa de que cada noche dejas la armadura como nueva.



Os juro que ayer respiraba

Alcanzar aquel saliente era una tarea imposible. Y el tiempo se les echaba encima. Continuar en la cripta durante las horas nocturnas era una auténtica locura, por eso el normalmente callado Borum estaba tan nervioso. No paraba de gritar a Igernus y de recriminarle que, gracias a él, la compañía entera estaba atrapada en aquel hoyo desde hacía varias horas y la cosa no parecía tener visos de solucionarse. Los necrófagos eran criaturas de hábitos fijos, y la noche estaba cayendo ahí fuera. Y nadie de la compañía era capaz de trepar para presionar aquel maldito resorte. A Igernus se le habían acabado los hechizos y las ideas. La estridente voz de Borum no hacía más que dificultar al mago la tarea de devanarse los sesos. —Si hubiese preparado Levitar, no estaríamos ahora encerrados como un gorila en el mercado de Zindalankh— divagó. Pensar en primates lanzó una idea a las mientes del mago. Con una agria sonrisa, asegurándose de que el pesado de Borum le miraba para poder restregarle su triunfo por la cara, Igernus abrió su zurrón. —Vamos pequeño. La última vez que te saqué no me fuiste muy útil. Hoy va a ser distinto— musitó. Un pequeño mono tití asomó por la boca de la bolsa.

Un familiar —o en su defecto un seguidor animal del Guardabosques—, no es un tamagotchi. Es decir, no es algo que simplemente te da +1 a la Sorpresa por la cara, te permite librarte de las tareas desagradables —como cazar las ratas de la despensa— o te lleva en su lomo cuando las cosas se ponen feas. La pobre criatura merece —debe— ser alimentada de vez en cuando, aunque eso suponga restar una parte de tus preciadas raciones secas y que el máster te obligue a trabajar con fracciones. A los animales hay que limpiarlos, cepillarlos, desparasitarlos y asegurarse de que no hacen sus necesidades sobre los valiosos libros de viaje del desgraciado mago abjurador. Los jugadores tienden a olvidarse muy pronto de sus deberes para con su colección de bichos —cuidadito con los jugadores que pretenden montar su propio zoológico móvil—, y a acordarse de ellos sólo cuando los necesitan para algún plan alocado con posible resultado trágico. Mandar a los animales a una muerte segura no es precisamente una tarea que encaje con ningún alineamiento catalogado como «Bueno» —para esas cosas están los seguidores, leñe. Y quien no esté de acuerdo, que se busque una figurilla de maravilloso poder.



¡Rumbo al Norte, donde sopla Bóreas!

La estela de los tarpanes, levantando el polvo de la llanura bajo sus pezuñas sin herrar, debía poder verse desde las malditas torres de la ciudad de Athkatla. Harok, Rungan, Marvala y Tubramidas llevaban cabalgando casi tres jornadas desde que abandonaron la urbe para adentrarse en el noreste de Amn; una tierra de planicies sin fin donde soplaba un suave viento cálido y brillaba un Sol de justicia. Rungan no podía evitar sonreír. Aquellos parajes carecían de sendas o puntos de referencia, pero el hombre de armas sabía perfectamente que estaban marchando con rapidez rumbo a septentrión, hacia aquellos Picos Nublados acerca de los que el viejo, borracho y putero Maxmen había largado toda aquella historia del tesoro traído de Maztica. Sus cimas ya asomaban sobre la calima de lontananza. Ahora nada podía desviar al grupo de su camino; ni la misma voz de Lathander se interpondría entre ellos y las pilas y pilas de gemas del tamaño de melones.

Normalmente, cuando el DM saca la parrilla hexagonal para comprobar una distancia sobre el mapa, la mayoría de jugadores tosen, carraspean o se ponen a hablar de fútbol hasta que surja el siguiente combate donde poder usar la tabla de modificadores al ataque según armadura —las cosas importantes, ya sabes. Sin embargo, avanzar por las tierras agrestes es parte del jodido D&D. Orientarse es una tarea más complicada de lo que parece, especialmente en lugares donde no hay referencias claras y donde la orografía es monótona y repetitiva. No hablemos ya de avanzar en las noches sin luna, práctica a la que todo grupo de aventureros es aficionada, para no pasar calor, dicen ellos. Los jugadores avispados y los aspirantes a Boy Scout sabrán utilizar cosas como la salida y la puesta del Sol, la posición de los astros en el firmamento, y la ubicación del musgo y los hormigueros en el tronco de los árboles. ¡Pero no les facilites la tarea, DM! Deja que se pierdan, que sus odres mengüen, que sufran la inanición, que pasen una y otra vez por el mismo punto, que den vueltas en círculo, que la caza les sea esquiva, que se enfrenten a miríadas de monstruos errantes con tesoro tipo Z. Es divertido, y nadie podrá acusarte de no estar jugando al más puro D&D.


Houdinis de espada y brujería

Los sahuagin no dejaban de presionar. En menos de lo que se consume el cabo de una vela, Tigton, Wilmor y Suggs habían pasado de estar examinando las estancias anegadas del nivel inferior de la torre costera, a encontrarse guarecidos en el tramo de una escalera cubierta de verdín, intentando contener a la horda de engendros subacuáticos que habían emergido de las negras aguas en cuanto Wilmor tocó aquella estatua de electrum. Las criaturas habían hecho retroceder al grupo hasta un lugar precario muy cercano a la entrada de la torre. Suggs apretó los dientes mientras veía como delante de él su primo Tigton apenas podía contener las mortales lanzas aserradas al otro lado de su escudo corporal. Con una diestra maniobra, enarboló su enorme maza a dos manos al grito de «viva la Dama de Plata y gloria para el Rey de Cormyr». En una fracción de segundo, se coló bajo las piernas temblorosas de Wilmor, alcanzó la vanguardia, y blandió una y otra vez el arma, cerrando los ojos ante los salpicones de sangre. Cuando acabó el frenesí del combate, Suggs temblaba dentro de su armadura completa. Fue incapaz de contar el número de cuerpos inertes de aquellas repulsivas criaturas marinas que yacía bajo sus escarpines. Ese angosto tramo de escaleras pertenecía ahora a los mercenarios contratados por orden de Azoun IV, y ningún hombre-pez hijo de Sekolah iba a subir ahora a discutírselo.

El combate es un caos, ya lo sabemos todos. Pero el combate en un espacio reducido, en un corredor mal iluminado de metro y medio de ancho, es un caos comprimido, un Big Bang en potencia. Los participantes no pueden maniobrar, ni colocarse a la par, ni avanzar entre las filas de sus compañeros. Aventureros cargados de oro hasta los topes no deberían siquiera poder darse la vuelta en cualquier pasillo de una mazmorra estándar. Ni que decir tiene que en semejantes emplazamientos las armas de asta, las lanzas y las espadas de gran tamaño son poco menos que un estorbo. En un round de combate de un minuto, es posible que los personajes reciban más daño a causa de los golpes que se dan contra las paredes y entre sus propios yelmos, que de las embestidas enemigas. Los evocadores y transmutadores con conjuros de área como bola de fuego también pueden ir a tomar el fresco fuera, si no quieren acabar con todo el grupo y deteriorar los antiguos contrafuertes y techos del lugar. Y no, ¡no se puede meter a tu repelente caballo de guerra pesado en el dungeon! Me da igual que escogieses el kit de cabalgabestias.


Concluyendo este artículo, el exceso de problemas mundanos y el obsesivo interés en simular entornos y situaciones de nuestra realidad pueden echar al traste cualquier campaña. Sin embargo, si uno coge estos puntos con sazonador y cuentagotas, y los administra moderadamente, puede conseguir convertir el D&D en el juego que originalmente era. La fantasía de Howard, Anderson, Leiber, Lovecraft, Burroughs o Smith no es precisamente heroica, y el D&D bebe de esas fuentes antes que de Salvatore, Weis o Hickman.

martes, 15 de enero de 2019

S4 The Lost Caverns of Tsojcanth


Atención: esta reseña puede contener SPOILERS para Jugadores
Si eres Jugador y sigues leyendo, posiblemente es porque te has equivocado de afición.


En mi último vídeo sobre la reimpresión de Dungeons & Dragons original, al hablar sobre el famoso Suplemento III, Eldritch Wizardry, olvidé hacer una obligada mención acerca de los vínculos que tuvo dicho manual con el llamado «pánico satánico». Y es que la publicación de Eldritch Wizardry, muy a pesar de sus autores, supuso el pistoletazo de salida para la caza de brujas que sufrió D&D a finales de los años 70 del Siglo XX y durante buena parte de los 80.

Hoy me gustaría hablaros de otra pieza fundamental utilizada como prueba de cargo para las demenciales e inicuas acusaciones realizadas por asociaciones puritanas como Bothered About Dungeons & Dragons —BADD—. No estoy hablando de la «infame» Dungeon Master's Guide de 1979 y sus pentáculos, si no de The Lost Caverns of Tsojcanth.




Esta aventura para Personajes de Niveles 6 a 10 fue escrita en 1982 por Gary Gygax bajo el código S4. La corta serie S —special— de AD&D está dedicada a módulos de ambientación o situación inusuales, y en modo alguno The Lost Caverns of Tsojcanth —TLCOT a partir de ahora— defraudará a los Dungeon Masters ávidos de aproximaciones diferentes al juego de siempre. Sin embargo, TLCOT sufre la desgracia de competir en la misma liga que sus predecesores, auténticos buques insignia de los albores de Dungeons and Dragons: S1 Tomb of Horrors, S2 White Plume Mountain —de la cual no me privé de escribir un artículo un tanto raruno— y S3 Expedition to the Barrier Peaks. TLCOT se encargó de cerrar la serie y, con mucho, es el módulo menos recordado de los cuatro.

Pese a ello, la portada de Erol Otus —la cual muestra a un aguerrido grupo de aventureros al más puro estilo Sword and Sorcery combatiendo contra un temible behir y su hálito eléctrico— anticipa que TLCOT alberga en su interior más secretos de lo que su moderada fama permite esperar.


En primer lugar, TLCOT se basa en uno de los trabajos primigenios de Gygax, The Lost Caverns of Tsojconth, un módulo que el de Lake Geneva preparó para el torneo de una convención en Detroit —WinterCon V— en ¡1976! El módulo original, de ocho páginas, apenas tuvo un centenar de impresiones y, a la postre, se ha convertido en uno de los objetos de coleccionista más codiciados por los aficionados.


En segundo lugar, fue Rob Kuntz —amigo de Gygax, co-DM de la campaña original de Greyhawk y creador del personaje de Robilar; entre otras muchas cosas— el auténtico autor de la Gran Caverna, el corazón del sistema subterráneo que se presenta en la segunda parte del módulo. Lo realmente alucinante es que el trabajo de Kuntz proviene de un momento tan prematuro como 1973. Como se explica en El Raja Key, Tsojconth conformaba en realidad el nivel 10 de Castle El Raja Key. Tras la publicación del original, Gygax trabajó ampliando su contenido e integrándolo en el nivel 7 de Castle Greyhawk. En 1980 ya se anunciaba en la revista Dragon la aparición inminente de TLCOT, pero finalmente la publicación se retrasó dos años más. La intención de Gygax era que TLCOT conectase T1-4 The Temple of Elemental Evil con WG4 The Forgotten Temple of Tharizdun; pero no se llegó a tiempo. De este modo, TLCOT fue relegado a echar el cierre de la serie S, en las postrimerías de la Edad de oro de D&D. Como veremos más adelante, en algún momento del desarrollo del módulo, la ubicación de las cavernas cambió de Castle Greyhawk a las Perrenlands.

En tercer lugar, tras la clásica cubierta sin engrapar del módulo, TLCOT esconde dos libretos, uno dedicado a la arquetípica aventura de TSR de 32 páginas —con ocho Personajes de torneo pregenerados—, y otro adicional con otras 32 páginas ahítas de nuevos monstruos, conjuros y objetos mágicos. Este último libreto, debido a su formato, anticipaba la salida del Monster Manual II (1983) y, debido a su espíritu —centrado en los demonios, diablos y engendros de la oscuridad— servía como excelente añadido al Fiend Folio, publicado un año antes. En él pueden encontrarse criaturas clásicas del juego como el behir, el bodak, el derro, el dracolisco, el fomoriano, el marid, la márgola, el scrag o el lobo-hombre; amén de una pléyade de demonios —no diablos— encabezados por el horrífico Baphomet y el príncipe Graz'zt. La selección de objetos mágicos no le va a la zaga, con elementos que todo jugador veterano de AD&D reconocerá al instante: el cuerno de niebla, las babuchas de escalada de araña, las lentes de detección y el peligroso demonomicon —el cual acabó protagonizando su propio suplemento en la época de D&D 4. Sólo se incluyen nueve nuevos conjuros, la mayoría de los cuales tienen que ver con la vinculación o expulsión de criaturas extraplanares. El libreto se completa con una sección de pentáculos, sigilos y otros diagramas esotéricos; un listado de las propiedades mágicas de algunas gemas; y un roster de los encuentros del módulo.


En cuarto lugar, las primeras diez páginas del módulo están dedicadas a la exploración de un entorno salvaje cerca del foco de la aventura. No era para nada común en la época que se dedicase demasiado tiempo y espacio a los avatares de la vida en la campiña, por lo que este añadido resultó todo un acierto por parte de Gygax y sus ayudantes —Pickens, Hannack y Sollers. El escenario puede organizarse en torno a una interesante mini-campaña de dos o tres sesiones de juego, centrada en una zona agreste de cañones con comunidades de colonos, bandolerismo, patrullas fronterizas, enanos y gnomos, goblins y hobgoblins, gigantes, wyverns, psiónicos eremitas y comercio con huevos y crías de hipogrifo. El ambiente de los Cantones de Perrenland, con ese sabor a Suiza y a las tierras de los límites del Imperio occidental tras el Tratado de Verdún —S.I.R.G. 843—, permea todas las localizaciones presentadas.

La existencia de un tesoro oculto en las cavernas de Tsojcanth, en las Montañas Yatil de las Marcas de Perrenland, es la premisa que sirve de gancho para arrancar la aventura. Es simple, sosa y directa, tal y como corresponde a un módulo inicialmente pensado para servir en un torneo. Sin embargo, no por ello la historia tras las bambalinas es poco sugerente, e incluye a una de las más grandes y celebérrimas villanas de Greyhawk: Iggwilv, también conocida como Tasha, también conocida como Louhi, Wilva, Hura, Natasha la oscura, Madre de brujas, Reina-hechicera de Perrenland, etc. No podían faltar en la fiesta referencias a otros ilustres veteranos como el ya mentado Graz'zt o el propio Zagyg. Siempre me ha encantado cómo el trasfondo y las personalidades de Greyhawk se entreveran a lo largo y ancho de los módulos y suplementos publicados para este escenario de campaña. Es algo único del setting, y ni siquiera otros detallados mundos como Reinos Olvidados han podido lograr este nivel de conexión, coherencia interna y auto-referencia.


En quinto lugar, TLCOT está profusamente ilustrado. No contiene un solo pliego sin al menos una ilustración o mapa de gigantes del hobby como Holloway, Otus, Easley o Sullivan. No por nada, algunas de estas ilustraciones se utilizaron de nuevo en el Manual del Jugador de AD&D 2ª Ed. Su calidad es tan alta que perfectamente pueden vestir cualquier libro básico de la época. Dada la temática del módulo, muchas de las ilustraciones poseen un aire «ocultista» o «hermético» que en cierto modo pudo resultar chocante en la época. En junio del mismo año en el que se publicó TLCOT, Irving Lee terminaría con su vida. Al año siguiente, nacía BADD. Acababa de estallar la tormenta. El problema venía gestándose desde 1981 a través de artículos incendiarios en la prensa como por ejemplo éste de Daily Trojan. La salida de TLCOT sin duda no contribuyó a calmar los ánimos de los radicales y fundamentalistas.

Como último punto a remarcar, TLCOT no es un fun dungeon como si ocurre con S2, pese al aparente circo de monstruos que el DM pueda encontrar en su primera lectura. Dentro de su heterogeneidad, el enclave principal del módulo guarda su propia coherencia e historia de fondo relacionada con las investigaciones de Iggwilv y los objetos que los Personajes pueden encontrar durante su periplo cavernario. De hecho, el texto del módulo esconde entre sus líneas no una si no varias formas de expandir su contenido hacia otros lugares secretos... y hasta aquí puedo leer.


TLCOT no es una aventura nada fácil, como corresponde a cualquier integrante de la dura serie S. Golems de barro berserkers, observadores, hongos, murciélagos, fomorianos, tortugas gigantes, cocatrices, gorgimeras, daos, lacedones-ghast, xorns y marids; entre otros peligros como trampas y accidentes naturales esperan a los Personajes. Y sólo estoy hablando del nivel superior de las cavernas, por no desvelar demasiados datos. El segundo nivel conducirá al grupo supuestamente hasta la bóveda del tesoro de la propia Iggwilv... aunque no serán pocas las sorpresas que estallarán durante la traca final. Spoilers: el tesoro es muy movido y... hay aliens


Dado que la exploración del escenario en tierras agrestes puede acometerse de forma libre, moviéndose a través de un hexcrawl, existe la posibilidad nada desdeñable de que el grupo de Personajes encuentre rápidamente las supuestas «cavernas perdidas» —en realidad, una vez que arranquen desde las faldas de las Yatils les basta con tomar el primer desvío del rastro rumbo al Sur—. No sé si catalogar este dato como un fallo de diseño o como consecuencia de una auténtica exploración abierta, pero desde luego la presencia de un pico de considerable altura visible desde la distancia bajo el cual se hayan las cavernas —el Cuerno de Iggwilv— no ayuda a que la localización pase desapercibida para los avezados Personajes.

Resumiendo, estamos ante un módulo arquetípico en muchos aspectos: tanto por plasmar de forma magistral la visión que Gygax tenía sobre el juego, como por ser una muestra del trabajo —más o menos— en equipo de aquellos que forjaron D&D, como por contener una producción cuidadísima para la época. Un clásico con todas las de la ley, que sin duda merece tanto o más reconocimiento que otros módulos considerados como parte del canon de los buenos tiempos del juego.Y es que ver TLCOT listado en el puesto 22º de las mejores aventuras de D&D según Dragon Magazine me sabe realmente a poco. Fue ampliamente reconocido en el momento de su salida, recibiendo muy buenas críticas, pero hoy ha quedado sepultado por otros títulos con más gancho. Sirva este artículo para que no caiga en el olvido.




domingo, 20 de mayo de 2018

Blackrazor en manos de los Magos Rojos


Andaba hoy releyendo Retorno a la Montaña del Penacho Blanco —ese módulo-campaña que apareció para AD&D 2 en plena etapa crepuscular de la edición, 1999—, cuando me he topado con la siguiente ilustración de Wayne Reynolds:


Obviamente, estamos ante un tributo a la ilustración realizada por Bill Willingham para la contraportada del celebérrimo módulo de Lawrence Schick S2 White Plume Mountain — impresión de 1981—. En ambas podemos ver a un afortunado —¡o desgraciado!— Personaje sosteniendo la mítica arma inteligente llamada Blackrazor, una espada que, en palabras de su creador, es una copia de la Stormbringer aparecida en Elric of Melniboné de Michael Moorcock.


Sin embargo, otra ilustración me ha venido inmediatamente a la cabeza nada más ver la primera. En este caso, estoy hablando de una obra de Todd Lockwood que aparece en el Escenario de campaña de Reinos Olvidados para D&D 3.0:


Dejando de lado que la primera obra representa a un hechicero y la última a un combatiente, existen coincidencias significativas entre ambas. Mismo rictus, misma cabeza afeitada, tatuajes, pendientes... Incluso la posición y forma de las orejas es bastante similar en las dos ilustraciones. ¿Estamos ante un homenaje? Posiblemente. ¿Está Lockwood haciéndole un guiño a Wayne Reynolds —con quien ya había coincidido en el apartado artístico de otros libros, como el propio Manual del Jugador de D&D 3.0—? ¿Está el autor de esta última ilustración queriendo decirnos algo?

Lo curioso del asunto es que la obra de Lockwood representa a un Mago Rojo de Thay. En el centro de Thay se alza una cadena montañosa repleta de volcanes activos —Thaymount—. Precisamente, el emplazamiento del módulo original S2 donde reside Blackrazor —en manos de un ogro mago—, es un volcán. La Montaña del Penacho Blanco pertenece al escenario de Greyhawk pero, ¿podría estar sugiriendo Lockwood que es Thay la ubicación de la Montaña en los Reinos Olvidados? Son sólo devaneos que imagina uno, y posiblemente ande completamente errado.

Resulta que, a pesar de originalmente formar parte de Greyhawk, Blackrazor se convirtió con el paso de los años en un objeto mágico perteneciente al canon de D&D. Aparece en la Guía de armas y equipo de D&D 3.5 acompañada de una ilustración que, en este caso, homenajea a la aparecida en Retorno a la Montaña del Penacho Blanco. Homenajes dentro de homenajes:



Con la aparición del suplemento Armas de leyenda en 2005, Wizards of the Coast ofreció un pdf gratuito que adaptaba White Plume Mountain a las reglas del sistema d20. Finalmente, Blackrazor vuelve a hacer acto de presencia en la Guía del Dungeon Master de D&D 5, en este caso como «objeto sintiente».

Todavía cabe mencionar la aparición de Blackrazor en una versión —más o menos oficiosa— de los Reinos Olvidados: el videojuego Baldur's Gate II: Shadows of Amn (año 2000). En él, Blackrazor podía ser entregada por el Demonio de la Avaricia del capítulo 7, ubicado en los Nueve Infiernos —es decir, en Baator—. Sin embargo, en la versión extendida del videojuego, el arma también podía obtenerse en los Pozos Negros de gladiadores de Thay. Esta peculiaridad pasa a reforzar mi teoría peregrina de que tanto la Montaña del Penacho Blanco como Blackrazor están relacionados de alguna manera con Thay.

Aún así, no hay una respuesta definitiva acerca de cuál es el papel de Blackrazor en los Reinos ni dónde se ubica exactamente la Montaña del Penacho Blanco, si es que emplazar tal elemento en Faerun es siquiera posible. El año pasado, Tales of the Yawning Portal para D&D 5 sugería ubicar la Montaña del Penacho Blanco cerca de Neverwinter. Sin embargo, me mosquea que, en dicho suplemento, el módulo White Plume Mountain aparezca justo antes del módulo Dead in Thay, indicando que ambos pueden jugarse en una misma campaña en forma de capítulos secuenciales.



Tanto da si mi teoría es acertada o si se basa en un cúmulo de casualidades, razonamientos forzosos y lógica sesgada. Mi propuesta no es más que una entre las infinitas posibilidades que tiene cada DM, cada mesa. Lo importante es que las conexiones existentes entre las ilustraciones han logrado hacerme imaginar soluciones alternativas. En mi «versión de los hechos», Keraptis, el poderoso PNJ detrás de la trama del módulo original, podría haber sido un antiguo zulkir; incluso una versión alternativa del propio Szass Tam. Esta versión no tiene demasiado que ver con el Keraptis de Greyhawk aparecido en el número 77 de la revista Dungeon.

Una vez metido en faena, voy a lanzar otra idea desmedida al aire. Resulta que en White Plume Mountain se esconde un antagonista de los PJ junto a sus ocho guerreros: se trata de Sir Bluto Sans Pite. El caballero permanece fugado junto a sus compinches tras perpetrar el asesinato de ocho niños en el episodio conocido como River of Blood —¿de nuevo una referencia, esta vez al famoso discurso de Enoch Powell?—. «Bluto» tiene un cierto parecido con el apellido Blume. «Sans Pite» parece a todas luces una mala adaptación del término francés «sans pitié»: despiadado, implacable, sin piedad. ¿Podría ser Sir Bluto Sans Pite el alterego de «Brian Blume el Despiadado»?



Ya sabéis que Gary Gygax y Brian Blume andaban por aquel entonces empezando su cruenta disputa personal en pos de mantener el control sobre TSR —proceso que culminaría, tras dos etapas, con la salida de Gygax de la compañía y la venta de sus acciones—. Se desconoce si el autor de White Plume Mountain, Schick, creó a Sir Bluto, o si fue una sugerencia de alguno de los colaboradores del módulo —Mike Carr, Allen Hammack, Harold Johnson, Tim Jones, Jeff Leason, Dave Sutherland y Jean Wells— o incluso del propio Gygax. Lo único cierto es que en la historia oficial de Greyhawk, Sir Bluto finalmente es capturado por Yrag —anagrama y nom de guerre del primer Personaje creado e interpretado por Gary Gygax— y Robilar —Personaje de Rob Kuntz, compañero de mesa de Gygax desde 1972—. Esta hazaña reportó a los Personajes de Gygax y Kuntz el reconocimiento de la Oligarquía de la Ciudad Libre de Greyhawk y les proporcionó títulos de propiedad que a la postre se materializarían en las Tierras de Robilar y la Hacienda Yrag.

¿Estamos ante un nuevo «recado» en clave, tan habitual en el vasto conjunto de suplementos de D&D, como ya ocurrió con el gigante Nonsra, el jacuzzi de Castle Greyhawk o la traición de Rary —leed el impecable artículo de Jordi Morera en Tras la última frontera—? La analogía de Gygax atrapando a Blume y llevándolo ante la justicia podría estar al mismo nivel que la de Rary el Traidor: Blume traicionando a Gygax y quitándole lo que más quería. Admito que es una apreciación cogida con pinzas, pero dejo aquí la idea por si alguien desea seguir tirando del hilo.

Independientemente de si Bluto es un anagrama de Blume, poca duda cabe de que el apelativo «sans pite» proviene del villano que se opone a Sir Lancelot en Le Morte d'Arthur de Thomas Malory: Sir Breuse Sans Pite. Dejando a un lado la genial referencia mitológica, lo alucinante es que en 1986 la serie de dibujos animados Cazafantasmas incluyó en uno de sus capítulos —Hard Knight's Day— la aparición de Sir Breuse, atrapado en un tapiz por Merlín:



Pues bien, resulta que el ya mentado Tales of the Yawning Portal para D&D 5 incluye un pequeño juego en su interior en el que el lector debe adivinar a qué personajes del imaginario de Dungeons and Dragons se corresponde cada rostro de la ilustración de cubierta del libro, realizada por Tyler Jackobson:
 

Para nuestro disfrute, dado que el suplemento contiene el módulo White Plume Mountain, la portada incluye a un PNJ aparecido en dicha aventura... y no es otro que Sir Bluto Sans Pite. Se trata de la única imagen oficial que tenemos de Sir Bluto. Su representación es muy pequeña, pero puede adivinarse claramente a un guerrero con casco... un guerrero de barba pelirroja. Jackobson, o la coordinación artística responsable del suplemento, se han inspirado en el Sir Breuse de Cazafantasmas, basado en Malory, para representar a Sir Bluto, basado en el original de AD&D. ¿No son alucinantes las referencias dentro de referencias?

No acaba aquí la cosa, pues es totalmente plausible que el Sir Bluto de Jackobson se basase en la descripción del Personaje que hizo Erik Mona para el módulo de la RPGA River of Blood de D&D 3.0 en el año 2000. En él, Mona describe a Sir Bluto como «pelirrojo y barrigón, [...] de apariencia ceremoniosa [...],  ataviado con una coraza [...]. Su mirada es poderosa y quizás malévola». Por tanto, parece que es Erik Mona quien vincula a Sir Bluto con el Sir Breuse de Cazafantasmas.

El caso es que hace un tiempo ya hablé en Google+ acerca de la curiosa semejanza entre los medianos de la segunda época de Dark Sun y los medianos de Eberron. Incluso la postura de los pies del halfling de la derecha es parecida —ilustraciones de Jim Crabtree (arriba) y Ron Lemen (abajo)—:


Resulta muy gratificante constatar como, no importa cuántos años pasen, el rico universo de Dungeons and Dragons sigue proporcionando nuevos detalles ocultos, referencias sucintas y homenajes velados —lo que los gamers llamarían easter eggs—. Muchas veces he hablado en esta casa acerca de cómo D&D es desde los años 80 un producto de consumo que se auto-referencia continuamente, careciendo de oportunidades para abandonar la senda de lo ya establecido; sin apenas espacio para la innovación. Sin embargo, creo firmemente que este tipo de detalles —pequeños, medidos, introducidos con buen gusto y con cierto «sentido histórico»; no meras y burdas copias—, enriquecen la experiencia del aficionado y contribuyen a alimentar el legendarium del juego, en el cual distintas piezas del mismo, lejanas tanto en tiempo como en propósito, se unen mediante lazos tenues a la par que inspiradores. Nunca he sido muy amigo ni del arte de Lockwood ni del de Lemen, pero después de conocer estos detalles tengo claro que cada vez que me tope con una de sus obras voy a mirarla con otros ojos; menos críticos, más curiosos.

PD: no dejéis de escuchar la canción Keraptis de Bards of Greyhawk.





sábado, 19 de mayo de 2018

Vídeo: Original Dungeons and Dragons, 8ª impresión

Una reseña —todo lo breve y somera que he podido— sobre la reedición por parte de Wizards of the Coast de la caja de Dungeons & Dragons de 1974. Esta caja, publicada en 2013 como producto premium o deluxe, supone la primera reimpresión del juego desde 1977, y contiene los cuatro suplementos que aparecieron en el 75 y 76: I Greyhawk; II Blackmoor; III Eldritch Wizardry y IV Gods, Demi-Gods and Heroes.

Pese a la dificultad de ser encontrada hoy a buen precio, todavía constituye la forma más barata de acceder a una edición en formato «físico» de OD&D. La inclusión de los suplementos I-IV en la caja permite que en un solo producto se aúne la práctica totalidad del material que TSR publicó para el juego.